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Viernes, 30 de Setiembre del 2022
Saturday, 04 December 2021

Tránsfugas

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Estamos ya tan acostumbrados al olor a podrido en la política que a veces ni lo percibimos. Pero oler, huele. Y muy mal.

Tan mal que da vergüenza, y no precisamente ajena. Porque la vida política de nuestra propia Región despide un olor absolutamente nauseabundo. Tanto que deja en mal lugar el buen nombre de Murcia.

 

¿Habías oído alguna vez la expresión “gobierno Frankenstein”? Seguro que sí. Es el apodo que la derecha y la extrema derecha españolas (difíciles ya de distinguir) puso a la alianza de partidos regionalistas, independentistas, nacionalistas, reformistas, izquierdistas y socialistas que desalojó hace unos años a la derecha, encarnada entonces en el Partido Popular, del poder. Este epíteto no escondía la esperanza de la derecha de que las discordias en esta amalgama política de casi imposible cimentación dinamitasen rápidamente la alianza. Curiosamente la alianza resiste; tres años después está a punto de aprobar sus segundos presupuestos generales y derecha y ultraderecha, que fiaban su estrategia para acceder al poder a la implosión de esta increíble, pero cierta, asociación de formaciones políticas sin prácticamente nada en común, ven alejarse su sueño dorado. Porque el gobierno Frankenstein no tiene ninguna base común. Salvo…

 

Pues sí, precisamente eso: salvo el rechazo unánime a las políticas neoliberales del gobierno del PP y su descarga de los peores efectos de la crisis en los grupos sociales más desfavorecidos. Pero como la vida da muchas vueltas, llegó el momento al Partido Popular de probar su propia medicina. Y ello ocurrió aquí, en Murcia.

 

Resultó que en Murcia el Partido Popular, detentador del gobierno regional durante más de un cuarto de siglo, se encontró tras las últimas elecciones autonómicas en una situación tremendamente delicada, literalmente en minoría. La posibilidad de perder el poder y todo lo que ello podía conllevar supondría un auténtico desastre para el PP no solo a nivel autonómico, sino nacional, por lo que hubo que llegar a acuerdos con otros partidos de la derecha, concretamente Ciudadanos y Vox. Pero cuando el primero de ellos, ante el desgobierno y la lamentable situación del Mar Menor, decidió un cambio radical de bando, se hizo realidad en Murcia una de las más reprobables prácticas de la democracia: el transfuguismo. Una práctica que no es ni mucho menos privativa de los partidos de la derecha, pero que sí ha sido utilizada por ellos en ocasiones muy señaladas, como ocurrió en la Comunidad de Madrid. Y aquí, en Murcia.

 

¿Gobierno Frankenstein? En Murcia tenemos uno. Y de los más, si no el que más, señalados. Formado por parlamentarios del Partido Popular; de Ciudadanos que desobedecieron las instrucciones de su formación para cambiar de bando y que se pasaron con armas y bagajes al bloque gubernamental regional a cambio, claro esta, de puestos en la administración y de un lugar entre las filas populares; de Vox, que aunque desgarrado por luchas internas a nivel regional hizo valer a su único representante en el parlamento de la comunidad y a su voto decisivo; y a los tres diputados regionales expulsados de la formación y que, no obstante, se aferraron al igual que sus compañeros de Ciudadanos a unos escaños que legalmente les pertenecían, pero que la más mínima ética política les negaba. Claro está, siempre a cambio de cargos suculentos, incluidos algunos de consejeros y consejeras. Y así se formó una nueva mayoría: justo, justito, la mitad más uno. Que tampoco daban los números para más.

 

Pues eso, que en Murcia tenemos nuestro propio gobierno Frankenstein formado por diputados de un partido, tránsfugas de otro, expulsados de otra formación y un representante electo y leal de esta última. Todo un elenco del que surge un gobierno formado en base a agradecimientos y prebendas y cuya actuación deja casi siempre a las claras, a través de sus continuas pifias, de qué pasta está hecho. Y no es motivo de orgullo para la Región de Murcia tener un gobierno así. Un gobierno que ha llegado hasta el punto de retirar la propuesta de nuevo Estatuto de Autonomía que se iba a debatir en el Congreso de los Diputados porque las enmiendas a él presentadas preveían, entre otras cosas, penalizar el transfuguismo. Cosa que, sin duda, y tal y como está hoy en día la cuestión, perjudicaría y mucho ya sabéis a quién.

 

Habéis acertado. Al mismísimo gobierno regional y a la exigua y tránsfuga mayoría que lo sustenta.

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