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Viernes, 30 de Setiembre del 2022
Saturday, 14 August 2021

El Viaje (más final aún) a Ninguna Parte. Jugando a las palabras…¿raras?, con Alba, mi nieta

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

Pensaba esta semana sacar a pasear, transmutado en Berganza, a mis queridos perros Cipión, Prudo, el Perro de Baskerville, y mi queridísimo Marcus, dilecto y familiar can que suele vivir últimamente bastante alejado del mundanal ruido, pero justamente una observación de este último, vía mail, nuestro ordinario medio de comunicación junto al guasaps, me ha hecho cambiar de tema a última hora.

Me venía a decir Marcus, sugiriéndome ideas para estas semanales comparecencias, que dirigiera la mirada a lo próximo e inmediato, a lo más cercano, a ese microcosmos limitado por la línea del cotidiano horizonte, incluso del más cerrado marco del hogar y la familia, en el que pululan personas o cosas conocidas y cercanas, de carne, hueso y verdad humana contrastada, siempreviva y palpitante, el marco de referencia de nuestro habitual sobrevivir. Pensé de inmediato en ella, en Alba, en mi nieta, esplendorosa vida en flor, que- como habría dicho García Márquez- a sus catorce añitos, empieza a vivir “sofocada por el ímpetu de sus glándulas”, auténtico, verdadero y encarnado lucero del Alba y lucero de Alba por antonomasia (para mí no hay otro, ni siquiera el planeta Venus), y allí que estaba ella, bien dispuesta como siempre, receptiva y atenta como siempre, esperando las palabras del abuelo para hacerlas suyas…como siempre y para siempre. Y es que, verdaderamente, amigos, somos lenguaje, verbo, palabra, o no somos nada (que es también, por cierto, lo que somos las más de las veces, ¿verdad tú?, ¿verdad usted?.

 

Así que, ni corto ni perezoso, allá que le espeté a Alba por “inconsútil”, poniéndole como ejemplo el de la verborrea inconsútil del abuelo, ejemplo que ni le aclaró demasiado ni le sirvió de mucha ayuda. Más cosas para explicarle, porque es que, ateniente a receptividad, mi Alba es un pozo insondable en el que por mucho que eches, no se llena nunca. Acudí entonces al diccionario castellano donde se dice que inconsútil es adjetivo aplicado comúnmente a la túnica de Jesucristo, hecha de una pieza y sin costuras, perfecta, sin trabas, ininterrumpida, continua, fluida, sin soldadura; ya digo, tal que la verborrea incontenida e inapelable del abuelo, cada día, eso sí, más anacrónica, más desfasada, más estantigua, eso también es verdad. Pero ella, mi lucero del Alba, aún la aguanta bien.

 

Pesado que es el abuelo con esto de las palabras, empeñado en que sean también queridas por ella como lo son por él, me atreví con otra palabra, que empezaba igual que la otra, pero muy distinta: inconcuso. Para mi sorpresa, la respuesta de Alba fue inmediata: se dice de algo que es completamente firme y no admite duda ni contradicción. Evidente, seguro, cierto. Verdad inconcusa…Esta chica, pensé para mis adentros, sorprende, empieza a saber demasiado, por cuanto que yo no recordaba si esa palabra se la había enseñado yo mismo ni cómo ni cuándo ni por qué, aunque en referencia a este asunto para nosotros esas son preguntas completamente superfluas. Probablemente sí, alguna vez se la habría dicho… Le endilgué entonces una retahíla con algunas de las que pasan por ser, para muchos, de las palabras más hermosas del castellano: efímero (pasajero y caduco), inefable (que no puede ser expresado con palabras) sempiterno (algo que durará para siempre, que no tendrá fin), inconmensurable (que no se puede medir, como nuestro amor por ella, por Alba). Por atreverme, me atreví hasta con las expresiones en latín que forman parte aún del castellano y le solté aquello de “tua mater mala burra est” (que, lejos de la caricaturesca y jocosa traducción que a todo el mundo le viene a la cabeza, significa sólo que tu madre come manzanas rojas, o maduras), o aquellos padres trataban a sus hijos “manu militari” (no precisamente los suyos; casi ninguno en los tiempos muelles y blandos que corren, que han desdibujado, desacreditado y proscrito incluso la figura del padre), expresión que alude al recurso a una disciplina férrea y rigurosa, actualmente inexistente.

 

Todo en el mundo de Alba, al menos según yo lo veo, que sé que ella tendrá una opinión más matizada y no coincidente al cien por cien con la mía, es bello y hermoso. Por eso Alba es feliz, aunque no siempre lo sabe…y es feliz porque es joven y conserva intacta su capacidad para ver y apreciar la belleza, como dejó dicho Franz Kafka y como habitualmente reafirma y repite mi buen amigo Pedro Luis Almela, maestro jubilado y pensador, que suele decir aquello de que cualquiera que conserve la capacidad de ver y apreciar la belleza, jamás envejece, opinión que comparto, y, como no quiero envejecer, más aún, demasiado deprisa, me esfuerzo. Es más, ahora que está tan de moda todo eso de los test, la incapacidad para apreciar, valorar y degustar la belleza puede considerarse como el indicador más claro de que estamos “listos de papeles, preparados para el Viaje, no a Ninguna Parte, no, sino el viaje definitivo para irnos a la mierda”.

 

Una mierda bastante bien representada por la invasión de la gigantesca mancha de plastiglomerados, moderna y tóxica pudinga que invade los mares. La pudinga es un conglomerado de elementos redondeados. Es un tipo de roca sedimentaria, que se forma cuando algunos cantos rodados, provenientes a veces del lecho de un río o de una playa, son cementados juntos por la sílice que hace de matriz de unión. La amalgama es más dura que la que pueda forjar cualquier dentista. La roca así formada es muy dura y resistente al desgaste. Los plastiglomerados son modernas pudingas en las que el plástico ha hecho consistente armazón, para mí un signo inequívoco de la dramática, tenebrosa y siniestra apocatástasis final que nos espera. En el futuro puede que se conviertan en los fósiles que legó nuestra civilización, junto con los isótopos radiactivos esparcidos por las bombas atómicas a partir de 1945, y que permanecerán en el medioambiente los próximos veinticuatro mil años. Con nosotros aún sobre la Tierra… o sin nosotros.

 

Y de un Francisco “Kafka”, a otro Francisco, este por partida doble, porque además de Francisco es Franco, palabras que, al margen de memorias y desmemorias, democráticas o no, suscitan sólo positivísimas resonancias desde el punto de vista lingüístico-semántico, como franqueza, sinceridad, veracidad, verdad, llaneza, sencillez, ingenuidad, naturalidad, franco (con perdón, y ya que hubiéramos tenido muchos de los que valían 14 pesetas), directo, accesible, abierto…y paro ya porque vuelvo a hacer, sin pretenderlo ni quererlo (¡se lo juro!), un panegírico de quien todos sabemos que fue un dictador infame, abominable, horroroso y sanguinario, cuya huella y memoria hay que desterrar de la faz de la Tierra, incluidas las Casas Baratas y los pantanos. Ya lo sabíamos, ya lo sufrimos. Pero yo no tengo la culpa de que además de todo eso, tuviera un nombre hermoso, con significados asociados más hermosos todavía.

 

Así que fíjate, mi lucero hermoso del Alba, si te regalo hoy un buen saco de palabras…aunque sé que a ti, que a fin de cuentas eres una jovencita normal y no tan rara como el abuelo, probablemente te habrían gustado más otras cosas, pero al abuelo le van quedando sólo las palabras…y él da, reparte y regala de lo que tiene.

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