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Miércoles, 20 de Marzo del 2019
Sábado, 08 Diciembre 2018

¿Terremoto Vox?

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Eso es lo que todos los medios de comunicación presentan ante sus audiencias o lectores. Que la irrupción de Vox, un partido que se autoproclama sin tapujos de extrema derecha, en el parlamento andaluz ha supuesto un auténtico terremoto político.

Yo diría que no tanto. Vox ya existía, y sus votantes de siempre lo mantenían vivo pese a su carácter extraparlamentario. Pero el hecho de que Vox se haya abierto hueco por primera vez en un parlamento regional ha sido el detonante para que ahora todos los analistas políticos hagan cábalas sobre las causas de tal éxito electoral. A mi modesto entender se trata de una acontecimiento previsible que, sin embargo, se ha retrasado notablemente en el tiempo en España con respecto a otros países. Hagamos un recuento de los factores que han hecho de Vox un partido con presencia parlamentaria al menos (y de momento) en una comunidad autónoma.

 

-Vox tiene su propio caladero de votantes desde que nació. Son los votantes de extrema derecha, nostálgicos de la dictadura o neofranquistas incluso, muchos de ellos antiguos simpatizantes del Partido Popular que han renegado de este por la “tibieza” de sus políticas.

 

-Votantes desencantados del Partido Popular. Aquellos que, siendo muy de derechas y mucho (parafraseando a ya saben quién) de derechas no llegaban a la extrema derecha han convergido hacia Vox empujados por la crisis de identidad nacional (hay que llamar a las cosas por su nombre) que está verificando España ante el empuje de los nacionalismos periféricos y de nuevas y muy extendidas formas de entender el patriotismo. Como muestra, un botón: el nuevo líder del PP no ha hecho nada para recuperar el centro perdido, pero se afana sin descanso en intentar recuperar aquella unidad de la derecha que en su día dio su enorme fuerza electoral al partido, aunque lo haga sólo y en exclusiva por el flanco derecho.

 

-Votantes desencantados en general. La crisis económica que hemos padecido podía solucionarse de tres formas: cargando sus efectos sobre la clase alta, haciéndolo de forma mancomunada sobre todas las clases sociales o haciendo que su coste lo pagaran sobre todo las clases medias. Esta ha sido la opción que aplicó en su momento el Partido Popular y que el actual gobierno del PSOE no parece muy dispuesto a cambiar. Como consecuencia buena parte de la antigua clase media se ha convertido ahora en clase baja. Para más inri el crecimiento económico español tiene el curioso efecto de reducir los salarios, por lo que la recuperación es sólo para unos pocos, los de siempre. La ciudadanía está desencantada con unos partidos tradicionales que no hacen nada por ella (nada bueno al menos) y las nuevas alternativas como Podemos o Ciudadanos no han podido aplicar sus soluciones o, en ocasiones, han pactado incluso con aquellos. ¿Qué le queda al ciudadano desencantado? Ofertas extremistas e increíbles, porque si alguien cree que lo que ofrece Vox puede llevarse a la práctica, está muy equivocado. Pero el ciudadano cabreado vota a Vox para protestar contra el sistema, sin saber realmente qué promete dicho partido o cuáles son sus principios ideológicos.

 

Es lo de siempre: a río (político) revuelto, ganancia de pescadores (extremistas y populistas). Las olas las forman la pobreza, el desencanto con el sistema, la corrupción, los intentos secesionistas, la injusta justicia, todo lo que no funciona en un país que se autoproclama demócrata y moderno pero que, tal vez, no lo sea tanto.

 

Porque a un nivel más profundo Vox es un partido revival, anclado en un pasado que ha sido superado y que ya no puede volver; pero también es un partido de extremos, de un extremo más concretamente, que defiende valores y estructuras muy beneficiosos para los más poderosos; no es de extrañar que cuente con un respaldo económico muy superior al que su tamaño le permitiría, ya que hay quien ve en la expansión del partido una oportunidad para proteger sus intereses económicos, sociales y políticos. Además Vox es una más de las caras del avance de la ultraderecha en épocas de crisis o postcrisis, como podemos observar en prácticamente todos nuestros socios europeos.

 

¿Quieren los señores políticos tradicionales y nouvelle vague que el terremoto Vox no sea finalmente más que un temblorcillo? Pues tengan ustedes en consideración las necesidades de la gente, de todos los españoles y no de unos pocos. Hagan algo en favor de su pueblo, del que les ha votado hasta ahora, porque si no ese pueblo se volverá hacia quien les ofrezca algo, por muy increíble que parezca, o simplemente le votará a él para castigarles a ustedes.

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