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Jueves, 28 de Mayo del 2020
Sábado, 14 Febrero 2015

El crimen que alienó Cieza (parte I)

Juan Ortega Martínez Chavas, condenado a la última pena Juan Ortega Martínez Chavas, condenado a la última pena

CLR/Miriam Salinas Guirao/Ángel R. Mojica.

La muerte de Piedad Ortega y su hijo sacó a los ciezanos a la calle. Tras más de cien años, el asesinato de la calle Cartas no termina de esclarecerse.

Piedad Ortega y su hijo, Pascual Zamorano, fallecían de manera cruenta una madrugada de febrero de 1904. Cuatro bandoleros sonaban como los culpables. 111 años después, el crimen de la calle Cartas despierta más intrigas que certezas.

 

El frío de febrero recogía los gritos ahogados. En la Cieza del cuarto año del siglo XX, Piedad Ortega clavaba su último resquicio de vida. El aceite de la tienda bullía con la escena: sangre hecha óleo. Los ladrones no pudieron arrancar las pesetas, y se llevaron su vida. ¿Suena un llanto? No estaba sola. A medio camino, el fruto de sus entrañas asimilaba el igual destino. Piedad no guardaba la tienda de aceite sin compañía. La fatídica noche que no recordará su inexistente memoria, se llevaba su vida, y la de su hijo. Cuatro sombras se encaminaban hacia el mortal destino de Piedad. Los bandoleros, mitad de casta, mitad de esparto, apremiaban la lanza del desenlace. Afilaban la guadaña con las prisas de un hurto furtivo.

 

Incongruencias de la sangre

 

No salía el sol. Quedaba lo oscuro en la vivienda testigo. Objetos que sirvieron de tijeras de las horas se clavaban en el cuerpo de Piedad y su pequeño. Ni queda vida, ni queda tiempo. Los abigarrados planes de los bandoleros arremetieron contra la mujer y el niño dejando como único punto y final el hambre de la Parca.

 

La suerte está echada

 

El pueblo amanece helado, mas no es frío lo que atenaza las almas ciezanas, sino los horrores descubiertos la noche anterior. La Guardia Civil, heraldo de la ley, corre en busca de los malhechores que hicieron correr la sangre la pasada madrugada. No tardan en detener a Juan Ortega Martínez, ‘El Chavas’, tío de la fallecida y conocido criminal local. Al parecer, el susodicho efectúo un comentario auto inculpatorio durante la disección de su sobrina. Antes del crepúsculo, las fuerzas de la ley detienen a los adláteres del Chavas, ‘El Carreras’ y ‘El Maleno’, quienes harán compañía a éste en la cárcel de Murcia.

 

El rugido de la marabunta

 

“¡Mueran los criminales!, ¡Viva la justicia!”. Resonaban los pulmones de los ciezanos al paso de la Guardia Civil con los sospechosos. Juan Ortega Martínez (‘El Chavas’), Juan Antonio Ortíz (‘El Maleno’) y José Carreras cargaban el sonido asfixiante de un pueblo furioso. El trayecto comprendía la ausencia de Encarnación Pascual, el cuarto en discordia. El porqué de tener un nombre masculino y otro femenino se antoja confuso; la indeterminación parece radicar en su identidad sexual. Muerto en la cárcel no podría rendir cuentas, ni ante Piedad y su hijo, ni ante su tierra, ni ante nadie. 

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