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Martes, 28 de Setiembre del 2021
Viernes, 04 Junio 2021

Y eso que no existe la violencia de género....

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Semanas trágicas las que estamos viviendo últimamente. Trágicas para la mujer, la principal víctima de la tragedia.

Desde que empezó el año han sido dieciséis las mujeres asesinadas por el mero hecho de serlo. Casi una por semana, teniendo en cuenta que en una sola semana de mayo fueron asesinadas cinco. Lo malo es que, de tan reiterativa, la violencia machista empieza a conseguir un logro que algunos políticos, ya sabemos cuáles, intentan convertir en norma: que el asesinato de mujeres se convierta en algo tan habitual, tan anodino, que apenas llame la atención del público.

 

Pero detrás de cada mujer muerta hay siempre una terrible historia en la que el verdugo es, prácticamente en todas las ocasiones, el mismo: la pareja o ex pareja de la asesinada, a la que consideraba como una posesión personal y un ser subordinado a él mismo, con el que se puede hacer cualquier cosa, incluso matarla. Es el típico “la maté porque era mía”, que lamentablemente sigue teniendo vigencia entre un sector nada desdeñable de l población masculina... e incluso femenina de este país.

 

Aunque en ningún caso hay que pensar que se trata de un fenómeno típicamente español. El machismo asesino mata a mujeres por todo el globo, y resulta curioso ver cómo países que consideramos avanzados padecen esta lacra tanto (o más) que España. Eso sí, la mayoría de ellos no tiene que soportar la existencia de partidos políticos que niegan que haya realmente un problema y otros muchos más que no vamos a detallar aquí.

 

La cuestión es que en España el machismo asesino supone no solo una desgracia insoportable, sino incluso una vergüenza a escala nacional. Y además muy difícil de solucionar, ya que por un lado muchas de sus atrocidades se viven de puertas para adentro de los hogares, mientras que en otras ocasiones las mujeres que las padecen tienen miedo a denunciarlas. Se han tomado medidas al respecto para que las víctimas puedan denunciar el maltrato y la violencia que sufren, pero en no pocas ocasiones las mujeres asesinadas no habían denunciado ser maltratadas por sus parejas masculinas. Ya sea por miedo o por no tener a donde ir, incluso por vergüenza: hasta tal punto llega la manipulación y la tortura sicológica que sufren que creen incluso que la culpa de todo lo que les sucede la tienen ellas, y no sus torturadores.

 

También falla el ámbito social en este problema. Porque en demasiadas ocasiones vecinos, amigos e incluso familias, aun sabiendo lo que ocurre, miran hacia otro lado. Y aunque es más que habitual que cuando ocurre un hecho luctuoso de este tipo muchas de las personas cercanas a víctimas y verdugos afirmen que no conocían los hechos (y sin negar que esto sea posible), dudo mucho que sea cierto siempre que una mujer muere asesinada por su pareja o ex pareja en España. Al igual que la afirmación también muy habitual de que en el domicilio que ambos compartían se producían frecuentes discusiones; las víctimas rara vez discuten con sus verdugos, ya que se encuentran anuladas y amedrentadas por estos y a merced de sus ataques de ira, siempre peligrosos para ellas.

 

Como he dicho es un problema muy difícil de resolver, pero hay que intentarlo. Lo primero, siendo más consecuentes y radicales en las restricciones que se ponen a los agresores demostrados. Puede que la orden de alejamiento sea un buen instrumento jurídico, pero es del todo insuficiente en los casos de los más radicales o salvajes. Hay que tomar medidas más eficientes, como una mayor protección policial, la posibilidad de que las mujeres en peligro cuenten con perros especializados para defenderlas (medida que se ha demostrado muy eficaz en otros países), la formación en autodefensa de las posibles víctimas, la utilización generalizada de aparatos GPS en pulseras de localización para los acosadores machistas, de dispositivos de alerta (botones del pánico) para las mujeres en peligro, etc.

 

Y cómo no, la educación. Es cierto que muchos maltratadores han mamado en su infancia la violencia de género. También es cierto que muchos de ellos han vivido en familias disfuncionales en las que los conceptos de igualdad de sexo y rechazo de la violencia machista simplemente no existían. Otros, en cambio, se criaron en familias clásicas sin problemas de este tipo. Y lo mismo ocurre con las mujeres. Por ello, y desde la infancia, la sociedad debe inculcar en los ciudadanos a través de la educación el rechazo a la violencia de género y la concepción de la igualdad entre los sexos como algo consustancial al género humano.

 

Lo cierto es que algo hay que hacer, porque la inacción produce, lamentablemente, mujeres (y en no pocas ocasiones niños y niñas) asesinadas por sus verdugos, por unos hombres que no merecen ser llamados como tales, sino alimañas cobardes que aprovechan sus mayor fuerza para maltratar y matar a sus compañeras y ex compañeras, y también a sus hijos. Porque cada muerte es una tragedia que deja a su paso vidas destrozadas para siempre.

 

Y eso que, según algunos, no existe la violencia de género.

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