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Lunes, 24 de Abril del 2017
Sábado, 14 Enero 2017

Trump presidente: hasta sería gracioso si no fuera porque es real

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

El próximo 20 de enero se producirá un hecho digno de la más disparatada novela de ciencia-ficción o de catástrofes globales: Donald John Trump será nombrado presidente de Estados Unidos. Para entendernos, se convertirá en al hombre más poderoso del planeta.

Definir a Trump según los cánones de la política al uso es imposible. Trump, al menos en mi opinión, no es un político. Es un empresario al más típico estilo norteamericano, con la suerte de haber nacido ya rico y dotado de un indudable olfato comercial que no ha impedido que se arruine en varias ocasiones y que en la actualidad, aunque tenga un gran patrimonio, arrastre también unas deudas considerables.

 

Trump es una persona difícilmente calificable. Si no fuera por su riqueza, por su poder, sería con toda seguridad tildado públicamente de bocazas, tonto, payaso, machista, racista, irrespetuoso, despótico, insolidario, presuntuoso, pagado de sí mismo, mujeriego, acosador, tramposo, hortera, zafio, inculto, irresponsable, y un montón de epítetos más, ninguno de ellos agradable. Poco bueno se puede decir de quien es capaz de publicar un libro titulado “Piensa en grande y patea traseros en los negocios y la vida”.

 

¿Cómo es posible que Trump haya llegado a presidente? Pues por una serie de carambolas políticas e históricas que han coincidido en un momento concreto. Al desencanto con los políticos tradicionales de la población estadounidense se ha unido el patrioterismo ultraconservador e individualista de la América profunda, la escasa simpatía suscitada por su rival en la carrera hacia la presidencia, la apatía de buena parte del electorado norteamericano que se dio cuenta demasiado tarde de las consecuencias de no haber votado en las elecciones, el afán de castigar a los políticos tradicionales, la xenofobia, el populismo descarado de Trump… Todo ello ha puesto en el trono del imperio a una persona cuyas ideas y proyectos dan, en muchas ocasiones, miedo.

 

Pero, como he dicho, lo malo es que este hombre piensa que puede hacer lo que le dé la real gana. Siendo como es muy rico no teme ni a la pobreza ni a lo que los demás piensen de él, por lo que pocas son las limitaciones que va a tener a la hora de cometer las barbaridades políticas que ya está anunciando. Se ha rodeado además de un grupo de ayudantes que encarnan lo más retrógrado, casposo e impresentable del empresariado y la política estadounidense, que ni siquiera representan al partido que en teoría sostiene al presidente, el republicano. Un partido que en su gran mayoría rechaza a Trump, hasta el punto de que ya se están produciendo movimientos entre los congresistas y senadores republicanos para unir sus fuerzas contra el presidente cuando éste tome el poder.

 

Y la verdad es que Trump va a poder hacer casi todo lo que quiera hacer. Porque el sistema político norteamericano es netamente presidencialista, y el dentro de poco presidente estadounidense va a aprovecharse de ello. De hecho ya está anunciando algunas de sus medidas, muchas de ellas no sólo perjudiciales para su país, sino para el mundo entero. Medidas que sólo son comprensibles si se tiene en cuenta que Trump y sus asesores tienen poca o ninguna idea de los rudimentos de la política y la economía a nivel global. Aunque en su soberbia, tengo la impresión de que es adepto a la doctrina, tan de moda entre algunos de los políticos de nuestro país, de “sostenella y no enmendalla”: yo no me equivoco jamás, y lo que hago siempre es bueno, aunque signifique un desastre para todos.

 

He de confesar que este hombre me da miedo. Me da miedo porque le creo y le veo capaz de hacer lo que anuncia. Mucha gente dirá que esto es una exageración, que cuando gobierne moderará su lenguaje y sus actuaciones. Ojalá tengan razón y yo me equivoque. Pero la historia da amargas lecciones en este sentido, como ocurrió hace algo más de 80 años cuando un hombre que había anunciado las barbaridades que iba a cometer, efectivamente las cometió e incendió el mundo. Con la diferencia de que aquel monstruo tenía a su servicio a un país de mediano tamaño, mientras que Trump tiene bajo su mando a la principal potencia económica y militar del planeta.

 

Es difícil predecir el futuro. Viendo lo que estamos viendo, tengo la impresión de que el mandato de Trump, si queda cordura en Estados Unidos, no será largo. Son muchas las personas, las instituciones, las sensibilidades, a las que ha atacado y menospreciado. Aunque ha ganado las elecciones, sus apoyos son menos que escasos, como demuestra el hecho de que le resulte imposible encontrar a algún artista que quiera amenizar su toma de posesión. En cualquier caso, lo que sí es seguro es que será un mandato movido, en el que veremos cosas que hasta ahora nunca habíamos visto y que creíamos imposibles en la política americana.

 

Esperemos que ninguna sea demasiado grave. Porque si no, y como decía mi abuela, que Dios nos pille confesados.

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