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Domingo, 15 de Diciembre del 2019
Sábado, 27 Abril 2019

Titulitis hispánica

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

España es un país de contrastes. A veces inexplicables. A veces contraproducentes. En ocasiones las dos cosas a la vez.

Y en el ámbito de la educación universitaria y general no vamos a ser menos. Es curioso que mientras que el interés por la formación y el esfuerzo decaen entre los jóvenes y no tan jóvenes españoles por la imperante cultura del pelotazo, el ansia de familias e hijos e hijas por cursar una carrera universitaria no remite.

 

Y luego pasa lo que pasa. Un tercio de los chicos y chicas que inician un grado universitario no lo terminan, costándonos la broma cerca de mil millones de euros al año. Hay quien dice que los estudiantes se dan cuenta de que la carrera elegida no les gusta. Yo añadiría además que el grado de exigencia en los estudios universitarios supera en muchas ocasiones la capacidad de sacrificio y trabajo de muchos jóvenes, acostumbrados a los niveles de exigencia de la educación secundaria. La cuestión es que el que más y el que menos intenta obtener (con el apoyo de la familia las más de las veces) un título universitario como muestra de mejora en el escalafón social.

 

Y sin embargo, en demasiadas ocasiones ese título sirve de poco. Y su escasa utilidad se debe a que la economía de nuestro país (y la de cualquier otro de nuestro entorno) necesita de trabajadores cualificados, sí, pero no todas las cualificaciones necesarias son universitarias. Muchas, muchísimas de ellas se obtienen en la Formación Profesional. Pero la Formación Profesional es para muchas familias una cualificación de segunda categoría, con mucho menor reconocimiento social y prestigio. Da igual que un técnico superior de muchas titulaciones de FP gane el doble que un titulado universitario. Nosotros los españoles, en plan quijotesco, preferimos nuestro título universitario, aunque después nuestra vida sea una sucesión de estrecheces económicas y de trabajos no relacionados con nuestra titulación.

 

No creáis que se trata de algo nuevo. En nuestro país desde hace muchos siglos existe una fuerte aversión contra los trabajos manuales o técnicos, mientras que se priman los considerados “intelectuales”, los trabajos de cuello blanco para los que las más de las veces es necesaria una formación universitaria. Pero no por muchos titulados que haya existen más empleos de este tipo. En algunas carreras la empleabilidad para trabajar en algo relacionado con ellas es mínima, o casi inexistente. Pero reincidimos como sociedad en los viejos errores provenientes de una herencia cultural tan profunda que ni siquiera reyes como Carlos III pudieron, aunque lo intentaron, cambiar.

 

Y mientras tanto hay cientos de miles de puestos de trabajo que no se cubren. Por ejemplo, soldadores. Por ejemplo, técnicos en mantenimiento de maquinaria industrial. Por ejemplo, electricistas con carné de instalador. Incluso fontaneros titulados. Todos ellos trabajos para los que se necesita una titulación de Formación Profesional, ya sea de grado medio o de grado superior. Son además estudios con una inserción laboral no ya rápida, sino prácticamente instantánea. Y los sueldos que van a recibir estos titulados/as en FP están muy por encima de los que obtienen titulados/as universitarios que no encuentran trabajo como suele decirse “en lo suyo”, y que lo obtienen en otras áreas de actividad para las que, generalmente, no hace falta casi ninguna formación.

 

De cualquier forma seguimos pensando igual. España es hoy por hoy el país de Europa con mayor porcentaje de titulados universitarios. También es el país en el que existe una mayor sobrecualificación; es decir, donde muchos empleos de escasa cualificación están cubiertos por trabajadores con una amplísima formación que no les sirve casi de nada en dichos empleos. Y mientras tanto numerosísimos titulados universitarios de van del país buscando un empleo “de lo suyo” en el entorno de la Unión Europea. Al mismo tiempo la industria y los servicios españoles buscan desesperadamente trabajadores cualificados para sus líneas de producción. Y no los encuentran.

 

Poco a poco parece que las cosas van cambiando. A los centros de Formación Profesional acuden cada día más titulados universitarios que, hartos de no encontrar un trabajo acorde con su cualificación, desean adquirir otra que les permita al fin entrar en el mercado laboral. Pero todavía se oye a muchas familias y a muchos jóvenes renegar de la FP, que consideran incompatible con un determinado estatus social basado en unas ideas que hoy en día, y permítaseme ser franco, están absolutamente fuera de lugar. Porque lo primero es tener un trabajo bien pagado, y para encontrarlo hay que poder ofrecer algo, una cualificación, que sea demandada por el sistema económico. Y si yo soy abogado, o historiador, o trabajador social, o criminalista, pero resulta que hay el doble o el triple de los que hacen falta, más me valdría haber sido realista y haber cursado unos estudios más acordes con lo que la economía demanda.

 

A ver si, con suerte, esta enfermedad de la Titulitis Hispánica que nos afecta va remitiendo un poco. Que ya va siendo siglo.

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