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Jueves, 18 de Octubre del 2018
Domingo, 01 Abril 2018

Puigdemont, en prisión

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Hasta no hace mucho el lema más coreado de muchas de las manifestaciones antiindependentistas o españolistas en esta crisis catalana que venimos arrostrando y arrastrando era “Puigdemont, a prisión”. Pues bien, dicho y hecho: Puigdemont ya está en prisión. Al menos provisionalmente.

Aunque es dudoso que la justicia alemana deniegue a España la extradición de una persona que se encontraba en busca y captura acusada de numerosos y variados delitos, algunos de dudosa consistencia, otros más claros que el agua. Y como cada vez que sufren un revés importante (y ya son muchos) en sus pretensiones, los actores del procès desencadenan una oleada de protestas y actos reivindicativos tan bien orquestados que parece que es Cataluña entera la que se echa a la calle para protestar, ocultando así el hecho de que la capacidad de convocatoria de la que gozaban no hace demasiado está de capa caída.

 

Pero no se puede negar a quienes dirigen el procès que la batalla propagandística la ganan casi siempre ellos. Primero, por que lo preparan todo muy bien, con mimo incluso; sospecho que entre los dirigentes del movimiento hay más de uno, de dos y de tres, publicistas, asesorados además por quienes durante años llevaron las riendas del independentismo radical vasco. Y segundo por la absoluta inoperancia propagandística del adversario, no sólo incapaz de desarrollar una acción de propaganda mínimamente coherente, sino que además hace gala con ahínco de una absoluta falta de sentido de la oportunidad y del manejo de los tiempos en este conflicto.

 

La mujer del César no sólo tiene que ser honesta, sino sobre todo parecerlo. Estas palabras, que tienen ya unos siglos (unos veinte) de antigüedad, siguen siendo el máximo mandamiento en el mundo de la propaganda del siglo XXI: la realidad es importante, pero más lo es la imagen que se da de dicha realidad. El mundo independentista se presenta a sí mismo como inmaculado, demócrata hasta la médula, transido de pacifismo y no violencia. Pero de inmaculado tiene poco; de hecho el principal motivo por el que muchos políticos antaño autonomistas se envolvieron en la bandera independentista fue esconder el saqueó sistemático al que habían sometido a Cataluña en las décadas anteriores. Por no hablar del abandono sistemático de la acción de gobierno real en el Principado para dedicar todos sus esfuerzos al procès, que ha dejado a Cataluña en una situación de provisionalidad y precariedad que va a ser difícil de revertir. O de las continuas advertencias de la judicatura o de los propios servicios jurídicos catalanes de que lo que se estaba haciendo era ilegal y estaba sujeto a responsabilidad penal. O del uso fraudulento de fondos y bienes públicos para la realización de actividades ilegales; vamos, que el calificativo de molt honorable que se aplicaba al Presidente de la Generalitat era guasa, ¿no?

 

Lo de demócrata hasta la médula es de chiste. Recuerdo cuando arrancaba el procès cómo quienes lo lideraban hablaban de que éste no llegaría a buen puerto sin el apoyo de una mayoría social y política cualificada. Después fueron rebajando sus estándares, hasta el punto de que sólo les faltó decir que si un solo catalán votaba y lo hacía a favor de la independencia, Cataluña debería ser independiente. Porque el referéndum tan forzadamente celebrado (en buena medida por la obstaculización del estado) tuvo de todo menos garantías democráticas, con unas condiciones que harían enrojecer de vergüenza ajena a los más inveterados caciques de nuestra reciente historia o de cualquier país del tercer mundo adicto al pucherazo. Y por si fuera poco, cuando se celebran las elecciones autonómicas, el independentismo pierde escaños, pero también se hace evidente que ni siquiera tiene la mayoría de votos, aún queriendo dar a los comicios un carácter plebiscitario. En resumen, que el plebiscito lo perdieron. Pero como el sistema electoral permite que haya catalanes de primera (los de las zonas más rurales e independentistas) y de segunda (la mayoría, los de las áreas más urbanas y no independentistas), pues se aferran a su mayoría de escaños y hablan de mandato democrático, aunque no se les ocurre decir que es el pueblo el que les ha ordenado construir la independencia (bueno, la CUP, con cuatro diputados, sí que lo dice).

 

¿Y qué hay de la no violencia? Muchos dirán que las últimas protestas callejeras contra la detención del expresident demuestran el carácter violento del movimiento independentista. Pero yo les digo: vayan ustedes más atrás. Vayan ustedes a las décadas de catalanización obligada, de arrinconamiento del castellano, de todo lo que signifique o huela a España, de la desespañolización de Cataluña. Vayan a ustedes al ostracismo social y político de quienes no acataran o se plegaran a la corriente imperante, que todos sabemos cuál era. Vamos, que lo que ocurría en Cataluña era muy parecido a lo que otros intentaban imponer en el resto de España, precisamente aquellos quienes hablan de libertad y luego intentan recortarla por todos los medios. Y cuando se te señala por la calle, cuando a tus hijos los insultan, cuando si no piensas como ellos eres un traidor, cuando las amenazas y los ataques a personas y bienes se convierten en habituales... pues no, señores independentistas, no pueden ustedes decir que se trate de un movimiento no violento. En todo caso podrían ustedes presumir de que son ustedes maestros en el uso y la ocultación de la violencia, sea de alta o de baja intensidad, acusando a los demás de ser ellos los violentos. Exactamente igual que como hacían algunos grupos políticos de infausto recuerdo antes de llegar al poder.

 

Podríamos seguir contando muchas cosas, pero creo que con estas pocas tendría más que suficiente cualquier propagandista que conociera mínimamente su oficio para iniciar una campaña de primerísima magnitud. Y sin embargo lo que oímos es ese retintín de “prensa española manipuladora”. Y a pesar de que las asociaciones periodísticas internacionales hacen pública su preocupación por los intentos de los independentistas de acallar a los medios informativos, ni siquiera eso se aprovecha. En estas cuestiones la propaganda tiene mucho que decir, máxime cuando buena parte de quienes integran ambos bandos no tienen aún completamente definida su posición final sobre el tema, y podrían ser influenciables. Al final habrá que negociar, pero siempre es mejor hacerlo desde una posición de fuerza y de prestigio que desde otra de debilidad y desprestigio. A ver si quienes nos mandan se deciden a copiar al adversario y desarrollar una acción propagandística que ponga las cosas en su sitio. Que muestre un poco más la realidad del contrario y dore algo más la propia. Pues eso, que Puigdemont está en prisión. Y una nueva batalla propagandística ha comenzado.

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