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Jueves, 21 de Setiembre del 2017
Viernes, 29 Julio 2016

Palomas y mariposas en el verano de 2016. Vacaciones (II). Mi novia Popotito…se nos casa…

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Patricia Marcos Patricia Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

Pero, aunque siempre fue mi novia, y aunque no se casa conmigo, no estoy hablando de un caso de infidelidad o de cuernos.

Mi novia Popotito es mi hijja pequeña Patricia, que se nos casa con su novio de toda la vida, su ”Paquico”, el sábado, 3 de Diciembre, si Dios quiere y ni yo ni nadie se nos muere, que no lo quieran Dios y la Virgen Santísima, y aunque no hubiera gobierno en España que al paso que lleva la incompetencia para el acuerdo de nuestros políticos, no es situación impensable, aunque sí bien indeseable, y basta ya de “aunques” que vamos a la perorata vacacional de esta semana.

 

“Popotitos" es una canción de rock en español interpretada por la banda Los Teen Tops. La canción tiene la música del exitoso tema de rock and roll "Bony Moronie", de Larry Williams, que fue un éxito considerable en el mercado estadounidense en 1957. Yo por entonces tenía 6 añitos, y, en aquella España, que, sin perdón y sin complejos, así se llamaba y que aún luchaba contra las miserias materiales y morales de la durísima postguerra, acababa de quedarme huérfano de padre, cazi ná p’al body, morena. La letra de Popotito fue creada en español por Enrique Guzmán, líder de los Teen Tops, y si bien tiene algunas similitudes con la versión en inglés del tema original, sus diferencias son sustanciales, particularmente su carga erótica, bastante menor en la versión española y ni que decir tiene que nula en mi propia versión bartolina o bartoliana. La canción es considerada como una de las fundadoras del rock cantado en español. Para mí es una canción muy especial y querida (me atrevería a decir que hasta entrañable si no me resultara estomagante el adjetivo) porque siempre la vinculé con mi hija pequeña Patricia, ya saben, la que me acompaña en mis paseos y salidas matinales de este tiempo vacío de vacaciones de dolce fare niente, beber y yantar. Ustedes ya la conocen y saben quién es.

 

Patricia es la última de mis tres hijos, y, aunque fuera la tercera, fue una hija deseada y pronto ocupó un lugar irrenunciable en nuestros corazones y en nuestro proyecto de vida en común. Patricia vio la luz del mundo cuando yo empezaba a darle un importante giro profesional a mi propia vida, pasando de la vocación por la lectura y la escritura, a la dedicación al mundo de la imagen. El vídeo, por entonces en el pobre formato doméstico del VHS, se convirtió en pasión absorbente y dominadora, vinculada con la vida de mi hija menor, cuyo nacimiento conservo grabado en vídeo, aunque no sé si aún se verá, ni dónde guardo la grabación, ni siquiera si al cabo de los años queda aún algo que ver. Y el caso es que la grabación fue finalmente posible por empeño de una rubia, simpática y servicial matrona, porque a mí me fallaban los brazos y me temblaban las piernas cuando llegó el momento de la verdad. Tú, ahora, grabas, que para eso yo me he pintado y arreglado -me dijo, en tono imperativo de auténtica matrona romana, que no admitía negativas, rajadas o abandonos de última hora. Hice lo que buenamente pude y supe, tembleque incluido, para perpetuar mi “Patricia, el milagro de la vida”, apta para todos los públicos, aunque mi mujer la ha mantenido siempre a buen recaudo, al abrigo de todas las miradas, como si estuviera reservada a salas de arte y ensayo. Grabada, no ya en vídeo, sino en la retina, sí conservo una imagen impactante e inolvidable, y es la del médico que asistió el parto, Don José Cortés Gil, ya desaparecido, sosteniendo por una pierna poco más de dos kilos ochocientos gramos de personita humana, que me pareció entonces un frágil y menudo renacuajo, que a partir de allí ha vivido, como decía Cela de su gitanillo de la Colmena, de puro milagro, con las reservas que le proporcionó el pecho de su madre durante los meses en que lo tomó, que no fueron pocos; y es que yo nunca la recuerdo comiendo, aunque sí poniéndosele golosos sus brillantes y expresivos ojos negros ante un plato de su gusto, o relamiéndose con un churro mojado en chocolate para saciarse en dos bocados y no llegar a comérselo entero nunca. O sea, comiendo más, como suele decirse, por los ojos que por la boca.

 

Después vendría otra familiarmente antológica grabación con Patricia como protagonista, bailando rock and roll en una tórrida siesta de verano, con el tema de Popotito precisamente interpretado por Enrique Guzmán, o quizá por Palito Ortega, no sé, cuando ella no tendría más de siete u ocho años y seguía tan preciosa-y tan raspajo-como de pequeñita. Desde entonces ya sería, para siempre, “Mi novia Popotito”, llegando incluso a presentadora de televisión, de informativos, en Tele Red Cieza, la televisión local de Cieza, mientras yo mantuve mi colaboración con esa empresa, hasta hace poco más de un año. Fue a sus 18 añitos cuando en una prueba rutinaria para la grabación de un trabajo universitario, descubrí en “Mi novia Popopito” a mi pequeña-gran Sandra Bullock, toda una hermosa mujer, con la que yo le observo cierto parecido, aunque Patricia a quien más se parece en realidad es a su madre, como debe ser.

 

En estos días de vacaciones en Puerto de Mazarrón, cuando España (perdón) sigue sin gobierno, podría haber optado por hablar más de lo mismo, de lo que todo el mundo habla: de refugiados, de las salvajadas del “Daesh”, de terrorismo, de la falta de acuerdo para formar gobierno a la que antes me refería, sí, pero he preferido seguir hablando de lo familiar y cercano, concretado en este caso en mi compañerica de salidas a pasear o para ir de compras al Mercadona, en cuyos bellos ojos negros asoman aún la timidez y la inocencia, que se inclinó también en su día profesionalmente por la enseñanza y que en ese difícil camino intenta perseverar y abrirse un hueco. Sin vanos o pretenciosos fuegos fatuos, sin ambiciones desmesuradas, “Mi novia Popotito” acabará triunfando en la vida. Llegaste la última, pero-aunque estás a punto de irte a tu piso de casada en la Cuesta del Molino- puedes estar segura de que llegaste como un regalo del Cielo para alegrarnos la vida en la Tierra.

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