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Sabado, 24 de Octubre del 2020
Viernes, 31 Julio 2020

Ola de calor (y las que vendrán)

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Querida lectora; querido lector: si estás leyendo esto y es viernes o sábado o domingo goterones de sudor caerán sobre tu pantalla, sofocos infernales embotarán tu mente y tu imaginación volará hacia un baño en aguas cristalinas y con una cerveza bien fría en la mano. Pero…

Pero la realidad es muy otra. Según la AEMET el fin de semana con el que empieza agosto va a ser ligeramente tórrido. O altamente ardiente. Entre 40 y 44 oC oscilarán las máximas en Cieza y las mínimas no bajarán en ningún caso de los 20 oC. Se podrán freír huevos en los capós de los coches y los pájaros caerán del cielo ya asados y listos para el consumo. Vamos, que puede que veamos al mismísimo diablo paseando por nuestras calles, convertidas en sucursal de las calderas del infierno.

 

Bromas aparte, el episodio de temperaturas extremadamente cálidas, con ser típico del verano, es una muestra más de lo que se nos avecina. Llevamos cuatro meses con una actualidad monotemática, la de la pandemia de Covid-19, pero eso no quiere decir que los problemas mucho más graves que nos acechan hayan desaparecido. Están ahí, avanzando lenta pero inexorablemente hacia la catástrofe global que nos amenaza. Y nosotros, tan panchos. Junio de 2020 ha sido el mes más cálido de la historia, al menos desde que llevamos registros de la evolución del clima.

 

Junio de 2019 también lo fue en su día, lo que puede indicar que la tendencia al calentamiento global es no solo cada vez más evidente, sino que además alcanza valores superiores a los que se predecían. Incluso nos encontramos con sorpresas muy preocupantes, como los records de temperatura alcanzados en Siberia y en toda la zona ártica en particular. Y en el mundo en general.

 

Que nos hemos cargado nuestro planeta creo que ya nadie lo duda. Quien lo niegue no solo es un irresponsable y/o un embustero, sino que con su actitud pone en peligro el futuro de nuestra civilización. No es tiempo ya de medias tintas ni de palabras diplomáticas, de ser políticamente correcto y de respetar afirmaciones que solo y exclusivamente buscan un beneficio personal o empresarial, aunque para ello se provoquen desgracias sin cuento.

 

Y dicho esto, hay que actuar. Ya. Estos meses de confinamiento y los posteriores de actividad reducida han supuesto un levísimo respiro para la salud del planeta, pero tan leve que ni siquiera retrasará el ritmo de avance de la desertización o del cambio climático. Aunque es cierto que la pandemia les ha venido muy bien a negacionistas y grupos de presión de las diferentes industrias que más activamente actúan contra el medio ambiente; ha desviado la atención de sus actuaciones y responsabilidades. Pero el peligro sigue estando ahí, y no precisamente agazapado; podemos notarlo en nuestras carnes con estos calores extremos que estamos sufriendo, o con el invierno anormalmente cálido que hemos tenido este último año, que a veces parecía no ya primavera, sino verano.

 

Incluso podemos afirmar que el cambio climático y la contaminación general son el caldo de cultivo ideal para la llegada de nuevas pandemias, probablemente más peligrosas que esta. Y si a eso le sumamos la escasez creciente de recursos naturales, de agua, de tierras cultivables, de energía y de un montón de cosas más que constituyen la base del funcionamiento de nuestra sociedad consumista, podemos imaginarnos lo que nos depara el futuro.

 

Ya no se trata de ser alarmista. Hay que enfrentarse al problema, porque de no hacerlo el problema se nos puede llevar por delante a todos. Según algunos expertos los efectos económicos de la Covid-19 y los esfuerzos por remontar la crisis por ella causada pueden constituir una oportunidad de oro para empezar a tomar medidas contra el cambio climático y la contaminación, para iniciar al menos la transición a una economía de tipo circular, sostenible. No podemos ya detener el cambio climático, pero sí estamos a tiempo (aunque nos quede poco) de intentar ralentizarlo, de limitarlo para paliar sus efectos y hacer posible después, con el tiempo, una vuelta atrás que en este caso sí sería mejor que el presente. Y a ello deberían consagrarse los gobiernos y las poblaciones, ya que corremos el riesgo si no lo hacemos de olvidarnos de un peligro en comparación al cual la pandemia actual es un simple resfriado, a pesar de las muertes y el sufrimiento que ha causado.

 

No olvidemos, pues. Ya sé que hace calor, mucho calor. Que estamos en una ola de calor. Pero te aseguro que en poco tiempo hará todavía más. Y que vendrán otras olas de calor que nos harán añorar a esta.

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