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Martes, 07 de Abril del 2020
Sábado, 21 Marzo 2020

La estupidez es supina...... y nos pone en peligro

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Hace una semana pedía a mis conciudadanos que fuesen disciplinados, que así daríamos la mejor de las respuestas a la crisis producida por el Covid-19. Ahora ya estamos en danza. ¿Cómo ha ido la cosa?

En general, aceptablemente. La mayoría de nosotros ha cumplido con su deber, nos hemos encerrado en nuestras casas y solo salimos en caso de necesidad, haciendo caso de las instrucciones que desde los medios de comunicación nos envían las autoridades. Pero no todo es de color de rosa. Porque luego están los otros.

 

En el momento de escribir estas líneas, miércoles 18 de marzo, las autoridades informan de que 73 personas han sido detenidas por vulnerar el decreto de confinamiento. En realidad no solo por eso, sino por resistirse e incluso agredir a la policía cuando se les estaba recriminando o multando por ello. Aunque el número de multas ha sido muchísimo mayor, al igual que el de advertencias para que no se vuelva a salir son motivo justificado.

 

No hay que ir muy lejos para ver comportamientos de este tipo. Aquí mismo, en Cieza, hemos podido asistir y seguimos asistiendo a algunas bochornosas imágenes. Lo malo es que no se quedan en bochornosas, sino que constituyen un grave peligro para la comunidad. Incluso en ocasiones, mortal. Si observas desde tu ventana verás, por ejemplo, grupitos de dos y tres adolescentes riendo y gritando por las calles, o parejas que para disimular van unos pasos uno por detrás de la otra, o personas paseando, o madres con hijos mayorcitos tan campantes por las aceras, o coches con familias enteras circulando sin rubor por la ciudad camino de sus segundas residencias en el campo, y un largo etcétera de otras situaciones. De hecho acabo de toparme con todas estas situaciones y algunas más en los apenas 10 minutos que he estado en la calle con mis perros.

 

Vamos por partes: dudo mucho, muchísimo, que haya alguien en este país que no conozca lo que sucede no solo en España, sino en todo el mundo. Al igual que las medidas que se están tomando para paliarla, incluida la reclusión domiciliaria y la prohibición de contactos o agrupamientos sociales. Y lo mismo sobre el riesgo que supone no solo para uno mismo (que ojalá que así fuera), sino para todos nosotros. Y dicho esto, hago la siguiente reflexión: quien infringe las medidas de reclusión y aislamiento lo hace con completo conocimiento de causa. Lo hace sabiendo que 1º-Está prohibido, 2º-Puede contagiarse y 3º-Puede convertirse en vector de contagio y contagiar a otros, algunos de los cuales puede morir. Si alguien infringe una norma a sabiendas de las consecuencias que puede acarrear la infracción, debe ser tratado en consecuencia. Sé que la ley define en los códigos civil y penal las infracciones y las penas con las que deben ser castigadas. Pero creo que es necesario tener en cuenta lo excepcional de la situación y la gravedad de las secuelas que se pueden derivar del incumplimiento de la normativa.

 

Sé también que en todas partes cuecen habas y que el número de imbéciles en este planeta no para de crecer. Imbéciles y absolutamente insolidarios, cuando no peligrosos para sus congéneres. Pero creo que se debe actuar con contundencia contra la imbecilidad, que llega ya a la categoría de supina. Y peligrosa. Y si por las buenas y con argumentos indiscutibles no se consigue que los imbéciles (esos que dicen que lo hacen “porque les da la gana y les sale de…”) dejen de ser un peligro para la salud de los demás y los idiotas (los que hacen lo que les da la gana sin más, porque sí) también, entonces habrá que tomar medidas más drásticas. Incluso por el propio bien de idiotas e imbéciles, aunque me temo que estos, visto lo que hacen, ni siquiera son capaces de darse cuenta de ello. Eso sí, estoy seguro de que, en caso de caer enfermos, serían los primeros no en solicitar, sino en exigir a grito pelado tratamiento médico urgente por delante de aquellos a quienes ellos mismos, con su irresponsabilidad, hayan infectado.

 

Dicho todo esto, es de agradecer que la inmensa mayoría de nosotros cumplamos con nuestro deber. Y mucho más que haya tantos héroes y heroínas anónimos que nos protejan y cuiden de la epidemia. Por no hablar de quienes, desde sus posibilidades mayores o menores, intentan ayudar a los demás a sobrellevar la pandemia, en especial a quienes más lo necesitan. Y estoy absolutamente convencido de que, más pronto que tarde, saldremos de esta. Recordaremos a quienes hayan quedado en el camino y seguiremos adelante.

 

A pesar de idiotas e imbéciles

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