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Sabado, 24 de Agosto del 2019
Viernes, 24 Mayo 2019

En España sí hay democracia, damas y caballeros

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Está la política patria revuelta. De elección en elección nos pasamos el día expuestos a soflamas electorales que en demasiadas ocasiones son auténticas burradas faltas no sólo de sentido común, sino de respeto al contrario e incluso del más mínimo conocimiento del ordenamiento jurídico y de la propia constitución.

Política, como dirían muchas y muchos de manera despectiva o por puro aburrimiento. Elecciones, que dirían otros. Democracia al fin y al cabo, bastante bronca, hay que admitirlo. Pero democracia en definitiva. De esa que muchos, de hecho la mayoría de los países, ya querrían para sí.

 

Y sin embargo algunos intentan hacer ver, sobre todo a sus propios partidarios fuera de España, que aquí no hay democracia. Y no me refiero sólo a los independentistas, sino también a la extrema derecha y a algunos de la extrema izquierda. Y para muestra un botón: el hecho de que todos ellos puedan quejarse libremente, puedan presentarse a las elecciones y ser votados, puedan incluso ser elegidos y ocupar escaños en el parlamento, así lo corrobora.

 

Se nota que buena parte de los que se quejan de falta de democracia no han vivido nunca bajo una dictadura. Y si lo han hecho tienen muy mala memoria. O mienten como bellacos y a sabiendas de que lo hacen. Mienten porque sólo pueden medrar en el conflicto, en el enfrentamiento, en el victimismo, y hay que inventar un enemigo aunque este enemigo sea una monjita de la caridad. Hay que presentarlo como déspota, como contrario a la libertad, como opresor e incluso como destructor de la patria. Y naturalmente deben presentarse a sí mismos como paladines de la verdad, como víctimas de la opresión, como defensores del bien y de la nación. Es el ellos o nosotros, la creación o la invención del conflicto y su constante agitación como única forma de supervivencia.

 

Lamentablemente para todos ellos, al final han de darse de bruces con la cruda realidad: la democracia sí existe. La misma democracia que les permite expresarse y a la que quieren en realidad destruir se encarga de ponerles en su sitio. Porque la democracia consiste en que los ciudadanos, todos los ciudadanos, elegimos a quien queremos que nos gobierne y cómo queremos que lo haga. Y las más de las veces elegimos con cordura, a grupos políticos con más o menos sentido común que, por norma general, tienen en cuenta los intereses de toda la ciudadanía y no exclusivamente los de grupos extremistas o ultranacionalistas y los de quienes los financian o jalean. Y claro, cuando los resultados de las elecciones no son los que ellos querrían, lo cual ocurre casi siempre, gritan, patalean, denuncian fraude, pucherazo, niegan que exista una democracia real.

 

De poco les sirve, salvo para autoconvencer a sus fieles, para mantener prietas las filas sin demasiadas deserciones. Porque tenéis que saber, mis queridas lectoras y lectores, que de eso se trata: o la situación general degenera hasta el punto de que el sistema se encuentre al borde del derrumbe o estos grupos apenas pueden aspirar a mantenerse, a representar a quienes odian precisamente al sistema (que no es ni mucho menos perfecto, todo hay que decirlo) y a la democracia. Ni siquiera con el recurso sistemático a la mentira, a la invención o a la exageración consiguen hacerse con un número de apoyos suficiente para conseguir sus objetivos. Afortunadamente para los demás.

 

Son pocos los países del mundo que pueden presumir de poseer una democracia plena. De hecho las clasificaciones internacionales colocan a España dentro del reducido grupo de países con una democracia más plena, apenas una docena. Con sus imperfecciones, con un pelín de inmadurez aún, pero con una garantías que protegen incluso a quienes quieren destruirla. Y si no que se lo digan a quienes votaron a los líderes independentistas catalanes encarcelados, que denuncian sin parar al estado español como opresor y dictatorial pero que ocupan ahora mismo escaños en el Congreso y en el Senado y que, aunque sean privados de ellos, serán sustituidos en los mismos por sus correligionarios. O a la extrema derecha española, tan amante de la democracia como yo del zumo de patata y que sin embargo tiene la representación que los ciudadanos le han otorgado en el parlamento de la nación, donde se dirime el destino de la patria.

 

Así que no intenten convencer a los demás de lo que no es cierto. No es que no exista democracia en España. Es que ustedes no son capaces de convencer de ello a los españoles, porque a veces resulta complicado hacerles creer una mentira.

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