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Viernes, 30 de Setiembre del 2022
Saturday, 24 April 2021

El VIAJE (más final aún) a Ninguna Parte. Tempus fugit

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

Esta semana tenía medio preparada una pequeña reflexión (burlesca, la verdad, como no podría ser de otra manera) sobre el ridículo delirio -casi tremens, a esta, este, esto, Norte y Sur- de la ministra de Igual Dá, Irena Montera, en su descacharrante deriva por un uso inclusivo, que dice ella, o inclusiva, o inclusive, del limpio idioma castellano, tesoro que esta descerebrada y mal traída y peor llevada ministra de medio pelo, baja estofa y peor estofado (mental) no merece en absoluto, con su todos, todas y todes, o su escuchados, escuchadas, escuchades.

Pero prefiero cederle espacio y reflexión a un texto, sobresaliente sin duda como todos los suyos, de mi amigo Pedro Luis Almela Valchs, que me retrotrae al tiempo, feliz y probablemente fascista (casi seguro y eso que yo no estuve en el Frente de Juventudes, ni tan siquiera en la OJE) de nuestros quince años, a 1965, cuando nuestro deseado mito erótico, la deliciosa francesita B.B. (Brigitte Bardot), apenas frisaba la treintena, y la veíamos protagonizar “Querida Brigitte”, junto a un torpe, despistado y desgarbado James Stewart, al que envidiábamos por tener la suerte de estar tan cerca de aquella, por entonces, maravillosa y deseable “poupée de cire, poupée de son” rubia (me da a mí que me está quedando un punto bastante machista esto, sobre todo para los secuaces de lo políticamente correcto y de la opinión expresada “comme il faut” ), adorada muñequita que actualmente está a punto de cumplir nada menos que ochenta y siete añazos, rodeada de animalicos en Saint Tropez. Dice así Pedro Luis Almela, y dice -como suele- fabulosamente bien…

 

Confieso que me ha cogido por sorpresa el saber que era tan mayor. Sus 86 años deslucen (¡Ay, el tiempo, con su paso inapelable, cómo destiñe y “asepia” los recuerdos...) la imagen vigorosa y sensual de uno de mis mayores mitos eróticos. Y es que madame Bardot, la Brigitte, la francesita de labios carnosos, emblema durante un tiempo de hierro y dictadura, de nuestros eróticos anhelos irrealizados, completará este año (Año II de la Pospandemia), allá por septiembre, su 87ª vuelta alrededor del sol.

 

Aquella BB sensual donde las hubiera y tan apetecible, al igual que The Beatles, o The Rolling Stones, o Bob Dylan y tantos otros maestros del arte y de la imaginativa ensoñación, fue uno de aquellos "objetos pop de culto" que la dictadura franquista nos robó a los jóvenes y a los no tan jóvenes de aquella maravillosa década de los 60 de la que tuvimos noticia completa tarde, demasiado tarde, para engrosar sus filas y defender o saborear ideales y quimérica parafernalia de quienes convertimos a aquellos en héroes de leyenda juvenil, para que, en dos históricos lustros, pasearan su existencia por el calendario en sombras de aquella España cuartelaria y acuartelada, de misas, cerrado y sacristía, y rancho pobre.

 

Aquella Lolita de Nabukov a la francesa, la de la voz insinuante de la primera versión de "je t'aime, moi non plus", la musa que exportó su imagen a todo el mundo hasta hacer exclamar al mismísimo De Gaulle que, junto con la Renault, era el producto más y mejor exportable de la douce France, llegó tarde a mi vida, como tantas cosas para los de mi generación de lóbrego confesionario y viernes de pasión, monumento y penitencia. Morado. No había más.

 

Pero como más vale tarde que nunca, el icono sexual de los 60 (tarde, muy tarde, ya digo) se me presentó una noche en la pantalla del cine Galindo, circular cual plaza de toros que era o había sido, cutre y honrado, susurrándome deseos inconfesables (pero perfectamente adivinables viéndola) mientras su esposísimo, un tal Roger Vadim, me transmitía por el otro oído el mensaje principal de aquella velada de cine y pipas: «Y Dios creó a la mujer», película que el clero hispánico miraba con lupa y tijera en mano, casi sádicamente, haciéndole cortes y más cortes, tantos que a los púberes (y no tan púberes) de aquellos tiempos, nos dolían como si nos los estuvieran haciendo sobre nuestra propia piel, tal era la magnitud intuida de lo que se hurtaba a nuestras miradas, pero seguramente alimentaba los sucios desahogos de quienes ejercitaban la tijera. Fue entonces cuando comprendí el Génesis nunca escrito de mis sueños y ya todo no fue igual, o sea, nada fue igual, a pesar de que Moisés se empeñó durante años en recitarme una y mil veces el Decálogo judío desde la cumbre de su Sinaí, a lomos del relámpago y a golpe de trueno y tablas de la ley. Dura lex, sed lex…

 

Su recorrido posterior por los salones de la política me resbalan por los canalillos del olvido...Que si defendió a los animales pero atacó a los inmigrantes, que si esto y lo de más allá...Todo se le perdona a la belleza…El hecho es que la irrepetible B.B. vive recluida desde hace más de 30 años en su mansión, La Madrague, cerca de Saint Tropez en el sur de Francia, una casa-refugio, donde vive acompañada por más de 1.000 animales abandonados que ella se encarga de recoger y alimentar. “Un día decidi que los animales me necesitaban más que la industria del cine y nunca me arrepentí de retirarme por ellos”. Desde ese día, sus apariciones en prensa son limitadas: “El mundo de hoy en día no me gusta; si fuera diferente quizás viviría menos retirada”, recalcaba la diva.

 

BB, la única "gabacha" a la que concedería mesa, techo y cama (bueno, lo de cama es mucho decir, pero sí, yo se la habría concedido y se la concedería) se me quedó hospedada en los circuitos más nobles de la memoria como lo que fue y representó en la vida de tantos hombres de mi quinta de todo el planeta, como la compañera a la que alguna vez quisimos tener y poseer, aunque sólo fuese por alardear de hembra o por aprender su lengua, tan dulce entonces para nosotros como la estimulante geografia de piel y besos de su cuerpo.

 

Dios me perdone y nos tenga a los dos en su bendita Gloria cuando haya menester, a ser posible tardando mucho. No hay ninguna prisa. Cuando llegue el momento, que nos borren, que no otra cosa es el morir.

 

Eso sí, mientras, los curas que regentaban el colegio de huérfanos de León nos seguían sometiendo a la tortura de la misa diaria en la capilla del internado…Para aquel lavado de cerebro no había tregua ni descanso ni compasión. ¡Ah!, el tiempo que todo lo acaba, que todo lo borra, que todo lo arrasa…que todo lo amata.

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