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Viernes, 30 de Setiembre del 2022
Saturday, 15 May 2021

El Viaje (más final aún) a Ninguna Parte. Pablo Iglesias es “la hostia”, además de un insulto a la inteligencia

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

Siempre he pensado -con Fernando Savater y con Émile Cioran-, que la ironía y el cinismo nos resguardan y protegen de la Iglesia, que como institución jerárquica es el gran peligro, la nefanda y libidinosa puta de Babilonia, y de políticos como Pablo Iglesias, que con frecuencia funcionan como sus enmascarados acólitos y resabiados monagos.

El título del artículo de esta semana viene a ser un compendio de lo que piensa Antonio Guirao Gómez, antiguo alumno mío en la asignatura de Lengua Castellana y Literatura, sobre el espantajo político y anacrónica estantigua en el que, por decisión propia, se ha convertido Pablo Iglesias tras las elecciones autonómicas de Madrid del pasado 4 de Mayo. En mi asignatura al menos, Antonio Guirao fue un buen estudiante, de los que dejan huella, con el que he seguido manteniendo vinculo y relación de amistad y con el que siempre he tenido además otras afinidades derivadas de nuestra común atracción por los medios de comunicación y nuestro respeto por el pensamiento bien y racionalmente expresado y las palabras bien “arrejuntaícas” y colocadas con buen son y preciso sentido, sin distancia ninguna de seguridad, unas al lado de las otras, prietas las filas, ha sido siempre seña común de identidad y aspiración compartida. Así que, Antonio…¡pasa, que te toca!

 

Molina de Segura, 6 de mayo de 2021

 

¿Por qué Pablo Iglesias es un insulto a inteligencia? No solamente es un insulto a la inteligencia sino que es, además, el mayor timo político de la democracia en España desde 1978. No se entienda “insulto a la inteligencia” como un desprecio al personaje. Cuando Pablo Iglesias se dirige a la audiencia que lo puede estar escuchando y viendo, él entiende que su situación intelectual con respecto a los demás es muy superior a la de esa audiencia. Y es observación que me permito hacer tras un concienzudo análisis de la realidad.

 

Por otra parte, hay un ejercicio muy sencillo para comprobar qué es lo más sobresaliente que transmiten los personajes públicos. Y, a priori, puede parecer una tontería, pero yo creo que aciertan en un 99%. Me refiero a los imitadores. Las imitaciones de personajes públicos tienden a destacar los defectos de esos personajes, en la mejor línea de la tradición satírica de España de aquellas revistas de principios del siglo XX. Existen muchas imitaciones de Pablo Iglesias, pero la mejor y más reveladora, en mi opinión, es la realizada en su día por Joaquín Reyes hace, nada más y nada menos, que 6 años. Creo que es de las primeras.

 

Reyes hace un análisis psicológico del personaje que, con el tiempo, se ha demostrado muy acertado. En un momento determinado, Joaquín Reyes, mira fijamente a la cámara y dice: “A veces soy tan humilde que se me olvida que soy la hostia”.

 

Pues mira por donde es que, efectivamente, parece que dios creó a Pablo Iglesias para ser la hostia en la tierra. Por eso se ha paseado por emisoras de radio y platós de televisión, creyéndose eso mismo… la hostia. Y se ha creído que era la hostia cuando todos, menos Monedero, han ido cayendo por la borda del barco de Podemos empujados por el ego de Pablo Iglesias que, por cierto, claro, era la hostia el tío. Después de proclamar a los cuatro vientos que iba a acabar con la casta, ha terminado siendo parte de los que él llamaba “la casta”. Se ha enriquecido con la política él y ha enriquecido a los más cercanos a su insoportable y estratosférico ego. Y como era la hostia, después de decir que le gustaba su barrio de siempre y su pisito en Vallecas, se compró una casa en una zona de ricos de Madrid por el módico precio obrero de 600.000 euros. Llegó a decir en el Congreso de los Diputados que el PSOE tenía las manos manchadas de cal, pero ha acabado siendo vicepresidente con un gobierno socialista, sobre todo, porque él, sí, ÉL, era la hostia. “Dejadme solo”, dicen que le oyeron gritar desde su despacho del ministerio de lo que sea que fuera cuando se convocaron elecciones en Madrid. Sin debate interno, sin consultas a los órganos del partido, a la dirección de Podemos en Madrid, se autoproclamó candidato a la presidencia de Madrid, porque fundamentalmente, ÉL, sí. ÉL… era la hostia. Y porque, fundamentalmente, eso no implicaba perder un sueldo de 5.316 euros mensuales como indemnización ministerial que seguirá cobrando, porque nunca tuvo intención de ser diputado de la Asamblea de Madrid como sabíamos todos y sabían también los madrileños. Y eso que se fue porque quiso y cuando quiso. Como un fantasma de julio del 36 y embutido dentro de un espíritu avejentado y obsoleto, retroalimentándose con los de Vox, se ha empeñado en el enfrentamiento de las dos Españas, en su guerra particular e interna consigo mismo que nada tiene que ver con la realidad de Madrid. Tampoco con la realidad de España. A estas alturas, y aunque ÉL siga siendo la hostia, ya se habrá dado cuenta de que la sociedad quiere soluciones a los problemas y no que le endilguen un apestoso truño ideológico difícil de digerir.

 

Si todas estas circunstancias, y otras que me dejo en el tintero por no alargar la disertación, no fueran suficientes para demostrar que Pablo Iglesias, además de ser la hostia, es un insulto a la inteligencia, llegó la traca final a última hora del 4 de mayo cuando los partidos bajaban la persiana tras una intensa campaña electoral, en un día en el que, por fin, “había hablado el pueblo”, alto y claro, con casi un 80% de participación. La traca final fue la dimisión de todos sus cargos del líder de Podemos. Él contó sus razones, las que su ego le permitió, pero todos sabemos que las verdaderas y auténticas son otras. Así que, en su línea de insultar a la inteligencia hasta el final, dijo que había que feminizar la propuesta política de Podemos, después de que una mujer haya arrasado en Madrid, de que otra mujer lidere el segundo partido más votado y de que, hasta la ultraderecha en Madrid, esté liderada por una mujer. El partido abanderado del feminismo ha sido teledirigido por un hombre, sin resquicio para un liderazgo femenino, única y exclusivamente porque Pablo Iglesias era la hostia, además de un insulto para la inteligencia. “Pablo Iglesias, respeto eterno”, le ha escrito Gabriel Rufián, otro personaje de parecida semblanza y similar catadura intelectual.

 

Me dejo en el tintero su capacidad más que demostrada, para enfrentar a la gente y desestabilizar un país, sus tendencias dictatoriales y autoritarias, su falta de respeto a las instituciones, el señalamiento de periodistas para el aquelarre y la pira inquisitorial y su incapacidad para la gestión de servicios públicos. Hay otros errores derivados de su egolatría, como empeñarse en formar parte de un gobierno de coalición con el objetivo de “cambiar todo para que nada cambie”.

 

Termina Antonio Guirao, recordando, como aviso a navegantes, que nunca ha pertenecido a ningún partido político, ni como afiliado ni como simpatizante siquiera porque está convencido de que hacerlo es renunciar a una parte de su libertad, algo a lo que no está dispuesto en modo alguno. Subraya que a él no lo fabricó su madre, en su cocina uterina, para seguir a ningún líder, ni siquiera aunque ese líder sea…fuera, o fuese… la hostia.

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