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Viernes, 30 de Setiembre del 2022
Friday, 02 April 2021

El Viaje (más final aún) a Ninguna Parte. Con procrastinadores y a lo loco

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

Mi artículo de esta semana, me lo ha dado hecho, desde el título (parafraseando el mítico filme de Billy Wilder, con sus duros y entrañables gánsteres, sus convulsiones bélicas, prebélicas y posbélicas, y, sobre todo, con su inolvidable tentación rubia), mi perruno contertulio guasapero Cipión.

Les transcribo, fragmentada, mi conversación con él: curiosamente, el gobierno de Corea del Norte está en manos de la saga Kim, convertido desde hace cincuenta años en una dinastía monárquica que pasa de padres a hijos, y esto, ¡¡¡agárrense!!!, ¡¡¡en un régimen comunista!!!. Además, el actual dirigente de Corea del Norte, Kim Jong-Un, un imberbe de apenas 37 años, a sus 28 primaveras, fue ascendido oficialmente a la categoría de dios (no es un error, lo han leído bien; debe ser delirante leer en el particular BOE de aquel país el decreto que proclama semejante disparate sin que se les cortocircuiten las neuronas). Pero no crea usted que este hecho es una rareza; en este régimen comunista todos sus líderes alcanzan la categoría de dioses a los que el pueblo debe no solo obediencia y sumisión absolutas, sino también adoración y amor eternos. El comunismo es una patología mental y –“mutatis mutandis”- tiene las mismas perniciosas connotaciones doctrinales que el nazismo. Este individuo ostenta el título honorífico oficial de “Gran Camarada Líder Supremo”. El nazismo también tenía su propio líder supremo, al que los alemanes aclamaban como su amado "Führer", y al que se le juraba lealtad hasta la muerte a su persona.

 

También nosotros tenemos nuestros contagiados comunistas que defienden las “virtudes” de dictaduras como la cubana o la chavista y aspiran a montar esa clase de régimen aberrante en nuestro país. A diferencia del patógeno que nos azota (nacido, por cierto, en la China comunista), que se transmite físicamente entre nosotros y se sabe más o menos combatir, la demencia colectiva llamada comunismo es mucho más difícil de erradicar, no hay vacuna posible porque se contagia a través de las ideas, dogmas que calan especialmente en la gente más joven, la más idealista, la más desconocedora de la Historia y, por ende, la más ingenua. Como bien sabes, querido Berganza, hace unos meses tuvimos ocasión de saludarnos de nuevo durante nuestro deambular diario por esa arteria natural que es el Paseo Ribereño. Como recordarás, hace ya algunos años, su necesaria reforma estuvo boicoteada por los social-comunistas de nuestro pueblo, que por entonces estaban en la oposición (se referían sarcásticamente a él como el Paseo Ribehierro). Para ser fieles a su doctrinario, a ninguno se le ocurría dejarse ver por allí ni en pintura, ni tan siquiera estuvieron presentes cuando inauguraron los ediles de entonces los dos nuevos puentes de madera que conectan sus márgenes. Ahora que gobiernan ellos pasean por allí como todos los demás y se pavonean como si parecieran obra suya las mejoras realizadas…Me presentaste en aquella ocasión a tu adorable nietecita que te acompañaba, y que demostró ser digna portadora de tus genes intelectuales cuando le pediste que dijera el significado de algunas palabras poco empleadas por el vulgo que le fuiste proponiendo, una de las cuales fue, bien lo recuerdo, "procrastinar". Así que me ha parecido interesante hacer un breve ensayo acerca de las singulares consecuencias que puede tener poner en práctica tan curioso verbo. Es este un término, construido con las palabras latinas “pro“—adelante—y “crastinus“—mañana—, nacido para significar el hecho de postergar o posponer los deberes, cuando no el hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolos por otros más irrelevantes o placenteros, casi siempre por puro temor o pereza a abordarlos. Supongo que, el que más y el que menos, todos hemos procrastinado alguna vez en la vida. Y aunque el fruto de esta inacción suele tener casi siempre resultados negativos, esta suerte de licenciosa irresponsabilidad puede en algunos casos resultar a la larga beneficiosa, de tal modo que aplazar para otro día la resolución de un asunto de obligado cumplimiento puede incluso ser una suerte de bendición para la humanidad. Permíteme que te ponga unos pocos ejemplos.

 

Un sorprendente procrastinador fue Albert Einstein, un alemán (¡quién lo iba a decir!), aunque de orígenes judíos, quizás el científico más grande que ha habido en la Historia, con el debido permiso de Isaac Newton. Se cuenta que su procrastinación le nacía de niño, pues al parecer no consideró necesario articular palabra alguna antes de los tres años (sus padres tenían serias sospechas de que fuera retrasado), momento en que soltó por su boca de comer una maldición en toda regla cuando se quemó los morros con la leche caliente que le había preparado su madre en el desayuno. Sorprendida por semejante irrupción lingüística, su progenitora le preguntó que por qué no se había soltado en el arte del parloteo mucho antes, a lo que él contestó que hasta ese momento iba todo bien y no había necesidad alguna. Y sabido es que la necesidad crea el órgano.

 

Las autoridades europeas encargadas de dar estabilidad a Europa y al mundo han procrastinado sistemáticamente durante 75 años, desde que acabó la última guerra mundial hasta hace bien poco. Del mismo modo que condenaron el nazismo nada más finalizar la contienda mundial, debieron haber hecho lo propio con el comunismo, la otra gran lacra doctrinal. Pero no fue así, y debido a esta dejación de funciones la humanidad ha sufrido esta perniciosa corriente política y social, pues no ha sido hasta hace poco más de un año que nuestros mandamases europeos se han atrevido a censurar el comunismo mediante la "Resolución del Parlamento Europeo, de 19 de septiembre de 2019, sobre la importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa".

 

Y por si faltara algún procrastinador más, añadamos algunos de nuestros políticos, que durante la larga pandemia que estamos sufriendo no han aparecido por el Parlamento, cobran la nómina al completo y se dedican a ver series de Netflix por un tubo (que eso está bien que lo hagas tú, amigo Berganza, sé que lo haces, pero no estos parásitos de lujo).

 

El historiador Roberto Villa García lanza una seria advertencia sobre nuestra actual situación política: "Es uno de los paralelismos claros de ahora con 1917: antes de cualquier otra ideología, los políticos catalanes eran independentistas y lo siguen siendo ahora; el otro es el de las fuerzas de la izquierda, entonces atosigaron a la corona al igual que hacen ahora (...) Básicamente, en 1917 se juntan todas las fuerzas antidemocráticas y antiliberales, todos juntos antes de tomar caminos diferentes a lo largo de los siguientes años: la extrema izquierda y la extrema derecha pactando para acabar con la monarquía parlamentaria. Fascismo o Democracia o Comunismo o Libertad. Es la historia de España, la misma que (inconcebiblemente para mí) intentan azuzar ahora los políticos actuales, el frentismo a tumba abierta, cuando se creía superado. Ojo a todo esto que está sucediendo hoy en España, porque quien olvida su pasado, ya se sabe..., está condenado a repetirlo”.

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