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Sabado, 20 de Julio del 2019
Viernes, 01 Mayo 2015

El Viaje (final) a Ninguna Parte. Sobre dioses, héroes y hombres

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

Al principio, o, por lo menos, hace mucho tiempo, Dios era el Sol. Lógico y evidente. En su majestad y majestuosidad plena ni siquiera puedes mirarlo fijamente si no quieres correr el riesgo de quedarte ciego para siempre, ni siquiera cuando hay eclipse.

Dios, o sea el Sol, estaba solo, y los hombres no existían…aún. Después, unos dicen que por aburrimiento, otros que insuflando calor al barro frío y otros que por lapsus o despiste, Dios inventó al hombre, o simplemente surgió del fecundo calorcito por afortunada o desgraciada casualidad. El hombre se sintió desde un primer momento solo, desvalido, e incluso bastante aburrido, por lo que, según cuentan algunos mitos, Dios inventó a la mujer para que el hombre se entretuviera con ella, como si de un divertido juguete se tratara.

 

De ahí la atávica consideración, o, mejor, desconsideración, de la mujer, tratada tantas veces-aun en la actualidad- como "una cosa" (maravillosa en tantos casos…temible en otros) y desposeída hasta no hace mucho incluso de alma, porque, claro está, Dios sólo dirigió su divino y cálido soplido sobre el molde en barro de un varón. Después, parece ser que las cosas no anduvieron demasiado bien entre el Creador y sus criaturas, aunque estas últimas mantuvieron siempre hacia Aquél la lógica actitud del respeto y temor debidos a quien tenía el inmenso y absoluto poder de hacer y deshacer sin darse explicaciones más que a sí mismo (¿qué otra explicación tendría, si no, el estrafalario capricho divino de que no se comieran las manzanas de un árbol concreto?).

 

Pero, en las relaciones entre Dios, o la Idea de Dios, y los Hombres, ha habido muchas variaciones a lo largo de la historia. Entre los griegos, los hombres podían llegar a ser dioses, y, después, para los cristianos, Dios se hizo hombre en Jesucristo. La idea no obstante de que los hombres podían ser como dioses, junto a actitudes más racionalistas y menos trascendentes, determinó un interés del hombre por el propio hombre, una visión antropocéntrica y vitalista de la existencia. Y seguimos hablando del hombre, porque la mujer contaba poco. Andando el tiempo, sin embargo, los hombres vivieron el sueño de la ciencia en apariencia ilimitada, para descubrir -no sin dolor y angustia-, que lo que la ciencia les revelaba no siempre era tranquilizador, no siempre lo explicaba todo, y , desde luego, dejaba pocos márgenes para aquella esperanza de ser como dioses, y, como los dioses, vivir eternamente, ser de la especie de los inmortales.

 

El hombre, que conocía mejor el mundo, y en parte también a sí mismo a través de la ciencia, se quedó sin los dioses, se quedó sin dios, y se quedó sin el propio hombre, perdido y solitario en uno de los millones de planetas del Universo, y abocado y enfrentado a la Nada. Pero sus preguntas, sus angustias y sus dudas seguían existiendo. Eso sí, sin respuestas... Sin embargo, el afán de encontrar explicaciones, y la necesidad de albergar alguna esperanza, generó y genera toda clase de mitos, leyendas y pseudo- religiones alternativas (incluida la política): Supermán y los extraterrestres, por poner un ejemplo extremo y pintoresco, son una de ellas: El nuevo "dios" que viene del cielo, del espacio, de un pueblo más avanzado y poderoso que, sin nuestras debilidades e insuficiencias, bondadoso y justo, puede remediar todo aquello que no está en nuestra mano remediar, verbigracia, la actual crisis que sufrimos, aunque dicen que ya se terminó y que lo que sufrimos y seguiremos sufriendo son, ahora, sus desastres.

 

Pero Supermán no existe, y su ficcional realidad es sólo un consuelo pasajero, un mero "entretenimiento", y en nuestro tiempo- de extraordinarios avances científicos y tecnológicos-, pero con las miserias humanas de siempre, y con la servidumbre segura de la muerte, los ojos de mucha gente, la gente ignorante y sencilla y la gente culta y complicada, se vuelven de nuevo a la esperanza de la religión, asidero quizá agonístico de las inciertas expectativas de -según las perspectivas- posible, insegura, probable, dudosa trascendencia, misteriosa explicación, pero explicación al cabo, del drama oscuro de la vida y de la muerte.

 

Y esa es la esencia de la religión, al margen de rentabilizaciones de la misma para otros cometidos y finalidades, incluidos el éxito material en la vida, o el poder. La religión implica la esperanza de vida más allá de la muerte, la posibilidad de que fuerzas poderosas y desconocidas se nos vuelvan propicias para conjurar la infausta fortuna o el destino adverso. Eso es la religión, aunque para muchos la religión no sólo sea eso. Esperanza fundada para unos, "clavo ardiendo" al que aferrarse para otros, literatura y mito para soñar, pasando el tiempo entretenidos y reconfortados, para bastantes. Así que…recen ustedes, porque no hace daño y pocas alternativas diferentes quedan.

 

Si no que se lo digan a los muertos del terremoto del Nepal.

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