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Miércoles, 23 de Agosto del 2017
Domingo, 09 Abril 2017

El Viaje (Final) a Ninguna Parte. Sin acritud (pero con un cabreo de cojones), les digo: “sin lugar a dudas, vivo en el peor sitio del pueblo”

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

No sé dónde viven ustedes, pero sí sé- seguro- que conocen (quizá sin relacionarla conmigo, que tan importante no soy – ya sólo me queda, si acaso, lo del “pobrecito hablador” de Larra), la calle en la que vivo yo, no sólo en la que vivo actualmente sino en la que he vivido siempre; y la conocen porque es una de las calles primeras, principescas y principales de este pueblo, nada menos que la señorial calle Paseo, que es una señora calle, llena por cierto de diarreicos pájaros escagarruzaos que te joden bien jodía la chapa del coche o el impoluto traje gris marengo recién estrenado en festiva mañana de domingo de Ramos o domingo de Resurrección.

Que así, y por extraño que parezca, calle Paseo, se llama la calle de Cieza, mi pueblo, en la que vivimos mi esposa, Merche, mi hijo Antonio, y yo mismo, porque antes volaron del nido María Mercedes, la mayor, y la pequeña, Patricia, ya saben…sí, esa, mi novia Popotito, la que se casó hace poco más de tres meses con Paco López González, de la saga de los pajeros a los que les han puesto un puente frente a insólita mansión en ribereño Paseo, ele…otro Paseo, por donde más de un regidor debiera plantearse pasear los eventos (procesiones incluidas) que - con frecuencia diríase que hasta abusiva-, se programan para este sufrido, neurálgico y neurasténico enclave en el que aún sigo viviendo, que cada vez pide y justifica más la recuperación de su tradicional nombre de la infausta etapa franquista: Paseo de los Mártires (trabucado no pocas veces por el menos solemne de Paseo de los Martínez), por aquello del martirologio al que se ven sometidos un día sí y dos más también, los sufridores y ya bastante castigados, torturados y sufridos (doy fe) vecinos de la zona . Y decía que es extraño, raro e insólito el nombrecito de la vía, porque debiera ser una sola de dos en excluyente disyuntiva: o intitularse calle o llamarse Paseo, pero eso de que una calle se llame paseo no deja de ser una contradicción sensu stricto, ¿verdad ustedes? Otra cosa sería que se llamara calle “El Paseo”, así con articulo determinado bien determinante y con mayúsculas, o que se siguiera llamando Paseo de los (Nuevos) Mártires, en honor, ya les digo, a quienes seguimos resistiendo allí y no tanto a la supuesta “cruzada” bélica que ocurrió hace siglos y que tantos siguen empeñados en que no olvidemos. Por favor, una ley urgente para el olvido histórico antes de que el Alzheimer nos sepulte a todos y a ver si fuera factible olvidar también algunas tradiciones de esas que dicen que nos confieren (inexistentes) señas de identidad.

 

Todo eso lo saben, o lo sabían ya y no les descubro nada por lo tanto al decírselo. También sabrán que por tratarse de arteria destacada y principal, casi todos los eventos que se organizan en Cieza-músicas, charangas, panderetas y panderos, mojigangas, desfiles, carros, carreras y carretas, acaban teniéndola como escenario. Últimamente, el soleado paraje se ha convertido en desayunero, merendero, cocktelero, comedero y, sobre todo, abrevadero de la cerveza. Aperitivos, cerveza y copas y espacio para mirar, mirarse y ser mirado. Vamos, tontódromo de andar por casa, sin andar. Y la cosa sigue creciendo en inflada burbuja que puede explotar. Sé que para muchos, sólo serán ventajas las derivadas de estas circunstancias que comento, pero, para bastantes, por el contrario, sé también que serán molesto motivo de disgusto por los incordios y desvaríos que de tales eventos se derivan.

 

El Paseo de Cieza es la calle en la que vivo y, últimamente, la calle en la que sufro (que también el sufrimiento es parte indeseable pero consustancial de la vida, amigos míos). Varios hitos han ido jalonando la evolución a peor de la zona. Uno fue la ampliación y enfarolado de aceras llevada a cabo hacia 1998 o 1999 por el alcalde de Cieza de entonces, Francisco López Lucas, del P.P. Además, se lo dije. La ampliación acabó con la posibilidad de aparcar en doble fila porque dejó la calzada estrechísima y ahora resulta casi imposible encontrar aparcamiento. Mira, Paco –le dije- que estás dejándome el entorno próximo de casa imposible para la vida. Y en lugar de habilitarme una plaza de aparcamiento como histórico residente del lugar, me colocó unos metros de carga y descarga, las más de las veces convertidos en espacio para el solaz de quienes vienen de otras zonas del pueblo a beber y comer allí. ¿Y nosotros qué? Los residentes hemos tenido que pasar por el aro de contratar aparcamiento en el parking Gran Vía, que empezó en 50 euros/mes y ya va por los 60. Otro hito que agravó el problema fue el de la habilitación posterior de varias calles peatonales (bastantes de ellas sin peatones y sin comercio siquiera), en un gigantesco casco histórico sin historia, cuyo principal monumento siguen siendo las ruinas del antiguo ambulatorio en calles Prim-Padre Salmerón, presupuestadas al amparo de los zapateriles Planes E, que sólo sirvieron para vaciar las arcas del Estado e incrementar el probablemente muy saneado balance anual en multas de la Policía Local.

 

Y , ¡so, mula! , que ahí quería llegar, porque este viaje acaba esta semana en multa. Podría seguir escribiendo mucho más, pero…¿para qué? El domingo, 4 de Diciembre pasado, después de celebrar la boda de mi novia Popotito en un salón de celebraciones de Calasparra, volví a casa sobre las 9 de la mañana. Aquel día, tenía su salida programada en la calle Paseo una prueba deportiva, que también tiene que ver con santos y desfiles, la Media Maratón de Santa María Magdalena. Me costó, pero pude evitar la multa, multiplicándome con el coche de mi hija y con el mío y dando esquinazo a grúas y policías, en medio de gran agitación y estrés. El pasado domingo, 2 de Abril, no me pude escapar, y como yo unos cuantos pobres desgraciados más, quizá algunos incluso vecinos residentes del Paseo como yo mismo que no se acordaron de que ese día no había desfile de santos pero sí de sus insignias y banderines anunciadores…Saqué mi coche del parking y lo dejé frente a mi casa, en el número 41, para terminar de bajar la compra que habíamos hecho la tarde anterior en el Carrefour Zaraíche de Murcia. Les juro que apenas fueron dos minutos. No eran ni las nueve de la mañana y a la procesión aún le faltaban ¡¡¡más de dos horas para llegar a la zona!!!. Para tardar menos, pensé incluso en dejar la compra abajo, en la entrada del edificio, pero, por no molestar a los míos, ya que a ajenos les puedo jurar y lo juro y perjuro que no molestaba a nada ni a nadie, opté por subir el peso, en un solo viaje, hasta mi casa. Subir hasta el primer piso y bajar. Apenas, ya les digo, dos minutos. No se oían aún ni pitos ni tambores ni a lo lejos. Pues nada, el guardia, alevosamente, me cazó…y miren que era un hombre joven, que parecía buena persona, y que lo será, pero cuando bajé para llevarme el coche y vi el siniestro papelito amarillo en el parabrisas, enarboló ante mí inexpresiva cara de póker (esa que probablemente ensayan más de una vez frente al gran espejo del aparador en casa y en cursillos de 20 horas sobre práctica policial para no dejarse influenciar por el ciudadano quejica –“a ti que no te noten la debilidad, tú inexpresiva e inalterable cara de póker”) e intentó aliviarme el trago ingrato, indicándome que me había perdonado poco menos que la vida, porque la grúa ya estaba desarrollando su infame y desagradable tarea y habría podido empezar por mi coche, pasando la broma de los 80 euros que, convertibles en 40 si pago ya mismo antes de 20 naturales días, a 200 o 300 que puede costar el “servicio” (sic), que-sin ser cosa de putas-es putada considerable, ¿verdad ustedes? Total, por descargar en mi casa…por vivir en calle principal, principesca y comunal, o descomunal, que tiene el nombre oficial, y absurdo, de calle Paseo. Derecho de pernada se llama esto en puridad. Descargar la compra y subirla a mi casa me costó ese día ¡¡¡40 euracos!!!. Ni que decir tiene que no me quedé a ver la procesión…

 

P.D. Oigan…y digo yo que, después de todo…ya que estamos…¿no podría considerarse este escrito como pliego de alegaciones y descargo?

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