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Martes, 12 de Diciembre del 2017
Sábado, 09 Septiembre 2017

El Viaje (Final) a Ninguna Parte. Sebastián Villa Pérez, “La Sebastiana”: Genio y Figura…más allá de la sepultura

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"Sebastiana" "Sebastiana" Foto: Fernando Galindo

CLR/Bartolomé Marcos.

No conocí nunca personalmente a Sebastián Villa Pérez, “La Sebastiana”, que dejó de formar parte recientemente de este entretenido y ameno paisaje con figuras, gigantesco playmobil en que consiste la vida de los vivos, dejando el tablero descompuesto y listo para la rememoración más o menos emocionada, y adiós, porque la vida, lógicamente, sigue.

Al irse “La Sebastiana” ha dejado impreso para siempre en nuestras retinas su daguerrotipo-estereotipo, algo a lo que habrá contribuido sin duda su fiel fotógrafo de los últimos años, Fernando Galindo, el imaginero que sí tiene quien le escriba, por ejemplo, yo.

 

He de reconocer que mis experiencias vinculables al personaje siempre fueron muy limitadas, casi exclusivamente circunscritas a sus frecuentemente estrepitosas y sonadas apariciones en las tardes de los carnavales ciezanos, bordeando los límites que el mojigato régimen franquista solía imponer a las manifestaciones espontáneas de las ganas de vivir en libertad del pueblo. Que esto era lo que a fin de cuentas, dejando al margen más o menos ñoñas consideraciones o especulaciones sobre sexualidad o sexualidades de cualquier tipo, representaban los carnavales y representaba Sebastián Villa Pérez, La Sebastiana, perseverante campeón del derecho a ser como era y a expresarse y mostrarse en público como le daba la real o republicana gana. Peaje pagó por ello en doliente carne apaleada y sufriente alma lacerada, por parte de quienes jamás entendieron la diferencia o lo diferente. Las cosas no han cambiado mucho, si compartimos la opinión (que yo comparto) de Javier Marías cuando dice aquello de que “las monjas de toda la vida están triunfando ahora, bajo otro disfraz, pero con los mismos objetivos: que no haya besos, que no haya escotes, que no haya minifaldas. Te dicen que ahora es por buenas razones. Mire, no, bajo la apariencia de buenas causas se reprime como en tiempos de Franco. Pues sí, llamo monjas (dice Javier Marías) a las que propugnan todo esto…las feministas”. La Sebastiana no se habría liberado del yugo opresor ni siquiera en nuestro tiempo.

 

En el año 2009, la Sebastiana apareció incluido/a en un pequeño librito integrado por fotografías de Fernando Galindo y textos míos, titulado “50 personas de Cieza”. Reproduzco aquí, fragmentariamente, el texto dedicado a glosar la fotografía de Sebastián Villa Pérez incluida en la referida publicación: Inmortal estampa de calendario, terne vendaval contracorriente que ninguna fuerza gubernamental podía contrarrestar, pasión de fiesta incombustible al desaliento o a las risas, duquesa (o duqueso) del faralaes más decorativo, personaje único y genuino donde los haya, Sebastián Villa Pérez, La Sebastiana, llena por sí solo una época entera de los carnavales ciezanos, particularmente la etapa del antiguo régimen franquista en la que estaban teóricamente prohibidos, pero en la que los carnavales tenían presencia a la vuelta de cualesquiera esquinas.

 

El travestismo de los sexos ha sido recurso carnavalesco de todos los tiempos, y era la época del año que Sebastián Villa Pérez, nacido en Cieza el 23 de Diciembre de 1933, aprovechaba para salir a la calle vestido/a como realmente le habría gustado ir todos los días, o eso creo.

 

Su salida a la calle las tardes del lunes o martes de carnaval provocaba el regocijo general, pero también la sorpresa, la expectación…y –¿por qué no decirlo?, hasta la admiración, porque sus arreglos de mujer eran un prodigio de detallismo y de buen gusto, dentro de una estética ciertamente kitchs y bastante aparatosa. El maquillaje, comedido, salvo en los labios, que quizá han lanzado previamente algún irónico y juguetón beso a la concurrencia, o a quienes lo seguían o jaleaban su segura aparición en los carnavales de cada año, casi pisándole, a la carrera, el vuelo de sus airosas faldas.

 

Y añado: en el gesto, un cierto rictus de orgulloso desdén, como quien está acostumbrado a desconfiar de la sinceridad de los ojos que lo miran. Aunque no sé muy bien a ciencia cierta por qué, en bastantes momentos, mientras preparaba este artículo, me ha venido a la memoria el celebérrimo soneto de Quevedo “Amor constante más allá de la muerte”, cuyos dos tercetos finales me permito transcribir, en aplicación, sí, a Sebastián Villa Pérez, La Sebastiana:

 

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,

 

venas que humor a tanto fuego han dado,

 

médulas que han gloriosamente ardido:

 

su cuerpo dejarán, no su cuidado;

 

serán ceniza, mas tendrán sentido;

 

polvo serán, mas polvo enamorado

 

Enamorado… ¿de qué? De la vida…multicolor, polimórfica, polivalente y…libre.

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