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Miércoles, 13 de Diciembre del 2017
Viernes, 15 Abril 2016

El Viaje (final) a Ninguna Parte. Pulvis es et in pulverem reverteris

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

Perdónenme que empiece mi artículo de esta semana poniendo por delante el título en el admirable y maravilloso idioma de la santa madre lingüística que feliz y dolorosamente nos parió: el latín, idioma matriz del imperio desde hace más de 2.000 años, lengua de civilización, cultura y conquista, que como tal ha impregnado tantas otras lenguas ahora poderosas como el inglés, pobladas en su más noble y excelsa actuación y actualización de vocablos, por millares, que son generosos préstamos de nuestra mater.

Traducida la expresión viene a decir aquello que todos conocemos desde siempre: “polvo eres y en polvo te convertirás”, es decir, que poco más o menos que maloliente mierda somos todos, o llegaremos inevitablemente a serlo. Trasladada la expresión al ámbito de lo que “hic et nunc” (aquí y ahora) nos interesa, también podría traducirse como que los seres humanos, por el hecho de serlo, en virtud de nuestra humana condición, somos desvalidos, volátiles, inconstantes, frágiles, corruptos y (los que no lo sean aún)…corruptibles. O sea, que aunque hay que luchar contra ella, la corrupción está en nuestro ADN como especie. Si se pertenece a un partido político con historia, andadura y trayectoria de poder, el riesgo de corruptibilidad se multiplica. Ejemplos en España, el PSOE, antes, y el P.P., ahora, aunque los partidos como organizaciones tampoco tienen la culpa, sino los irresponsables sinvergüenzas que los han dirigido o los dirigen, que son los que deberían irse…ya.

 

Insisto en que la corrupción es algo que está en nuestra naturaleza, que es propio de nuestra (miserable) condición, pero contra lo que hay que luchar. Se percibe más en los políticos porque son los que tienen más oportunidad y ocasiones de corromperse, pero no se gana la batalla definitiva contra ella (ni se ganará…), convertida en un mal endémico en nuestras sociedades, porque el conjunto de la ciudadanía lo percibe en realidad como un fenómeno natural.

 

Y por eso vamos de escándalo en escándalo…y más que saldrán, porque los corruptos son legión, pero, ¡ojo!, no son mayoría. Y no sólo afecta a los políticos. El problema sería menor si sólo afectara a la clase política. Pero no. Lo realmente grave es que el problema no es sólo de los políticos y que la sociedad –y esto es realmente lo más alarmante- lo percibe en el fondo como algo asumible, disculpable y natural, aunque aparentemente haya mucho aspaviento y mucha escandalera, pero lo cierto y verdad es que pasa escasa factura en las elecciones.

 

No sólo son los políticos, no. Por ejemplo, uno de los últimos escándalos, el de los llamados “papeles de Panamá”, está de plena actualidad. Junto a personalidades como la hermana del rey Juan Carlos, Pilar de Borbón (¿hasta cuándo esta familia va a seguir jodiendo a España y chupándosela viva hasta dejar la teta escuálida y vacía?), nos encontramos también a personajes como Bertín Osborne, privilegiado señorito jerezano de “nacencia”, zángano de postín, que esta semana alteraba la habitual imperturbabilidad de mi compañero y amigo Rafael Salmerón Pinar, tras salir su nombre (el del cantarín y televisivo señorito andalú) en los mencionados “papeles”, y haber reconocido públicamente que creó en los 90 una sociedad en Panamá, para –textualmente- “ocultar su nombre” y por si en el futuro le hacía falta, y mientras –digo yo- para irse haciendo algo más riquillo el hombre. Me contaba bastante escandalizado Rafael que este sujeto parece que tiene una importante deuda con Hacienda desde hace años, y, sin embargo, hasta hace pocos días ha tenido un programa en Televisión Española por el que ha recibido cantidades millonarias a costa del erario público, de los impuestos que pagan todos los españoles y con los que se costea la televisión pública. El asunto encierra algunas paradojas, como por ejemplo el hecho de que con el dinero que ganaba en TVE, un dinero que sale de las arcas de Hacienda (arcas que se llenan con nuestros impuestos), él tiene para seguir pagando la deuda contraída por unos impuestos que no habría pagado. Otra paradoja deriva de la circunstancia de que a cualquier empresa que desee formalizar un contrato con las administraciones públicas se le exige estar al corriente de sus obligaciones fiscales y si este señor debía dinero a Hacienda, no se explica cómo pudo ser contratado por el ente público. Estupefacto y bastante indignado, me señala también Rafael que hay además otra cuestión de fondo, y es que este individuo sacará en breve un disco, iniciará una gira con cualquier espectáculo o firmará un buen número de programas de televisión por un buen pastizal... y a seguir viviendo bien y pagando cuando pueda (no como nosotros, pobres infelices, que vivimos como podemos y pagamos aunque no podamos). Llegados a ese punto, cuando este sujeto o alguno de sus congéneres, como el cineasta Pedro Almodóvar, hundido también en las turbias aguas panameñas, reclamen para sus discos, sus espectáculos o sus películas la rebaja del IVA del 21% a otros tipos más reducidos y más ayudas estatales en aras de la defensa de eso que ellos llaman "cultura", ¿que dirán todos aquellos a los que estos sinvergüenzas llevan utilizando y engañando desde hace años? Y más preguntas, a la manera quevedesca: ¿no va siendo hora ya de desligar en el discurso y en la práctica lo que es cultura de lo que es puro y lucrativo divertimento?. ¿Dónde está la frontera que separa lo uno de lo otro?. ¿Es también el dinero en el caso de la "cultura" la verdadera medida de todas las cosas?

 

Por muy natural que sea, la corrupción es inadmisible y perversa y si el Estado sirve para algo debiera ser para corregir los desmanes, atropellos e injustas y sustanciosas licencias de la torcida, retorcida o torticera naturaleza de las cosas...y de las personas. Pilar de Borbón, el alcalde de Granada, Mario Conde, Bertín Osborne y tantos y tantos otros, por citar sólo unos cuantos casos recientes, deben pagar, en metálico y con cárcel, por entrar a saco (para saquearlo) en el bienestar de todos. “Pulvis et umbra sumus”, polvo y sombra somos los seres humanos. La fuerza luminosa del Estado debe estar en permanente situación de vigilia para actuar sobre el lado oscuro y acabar con la lacra. Nos van la vida y el futuro en ello.

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