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Jueves, 21 de Setiembre del 2017
Viernes, 19 Agosto 2016

El Viaje (final) a Ninguna Parte. “Pokemonmanía”

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

En días pasados pensé subir a pasear por la Atalaya o por el Paseo Ribereño, dispuesto a jugar al jueguecito de moda: “cazar” pokemons, siguiendo las pautas marcadas por la reciente aplicación de Nintendo Pokemon Go 2.0, que utiliza –dicen – la tecnología de la “realidad aumentada”.

Y tanto, porque yo no conseguí cazar ninguno y eso que recientemente he atravesado dolorosamente por una enfermedad que me hacía ver hasta dos y tres veces la realidad. El síntoma –molestísimo- se llamaba diplopía-…y es difícil concebir algo más aumentado que eso…porque más bien lo mío era realidad no sólo aumentada, sino multiplicada. Pues bien, ni por esas. No conseguí atrapar ninguno, porque es que, ni siquiera uno llegué a ver o vislumbrar. Claro que tengo que decir que se me olvidó instalar la aplicación. No obstante, se me da a mí que esta es una más de las muchas gilipolleces contemporáneas… una peli de dibujos animados inventada por algún listo contemporáneo y portmoderno para ganar mucho dinero y para mantener idiotizada y controlada a la población, si no lo estaba ya bastante. Cada vez se va haciendo más urgente habilitar carriles móvil porque los pokemon salen precisamente allí, en el móvil, y porque cada vez son más los moviladictos de cualquier edad, clase y condición (no vayan a pensar que sólo jovenzuelos más o menos descerebrados – por cierto, que yo he sufrido hace poco un derrame cerebral, pero aún me queda cerebro…y circunvalaciones en él, para pensar –con mucho pesar- en el camino que llevan el mundo, Europa, España, Murcia y Cieza. Para reír mucho y echarse a llorar casi al mismo tiempo, con histéricas, históricas y hasta desesperadas carcajadas).

 

Muy pocos han podido resistirse a Pokémon Go, el juego de realidad virtual de Nintendo, que, con apenas mes y medio en el mercado, causa furor tanto en España como fuera de nuestras fronteras. El juego consiste en ir cazando pokémons por la calle, a medida que vamos paseando en un día libre o camino del trabajo. El objetivo es llenar el Pokédex (una especie de mochila virtual) del mayor número de criaturas posibles, ya saben, esa especie de monigotillos o dibujos animados a la japonesa que estarían por todas partes. El «problema» -si es que eso alcanza razonablemente la categoría de problema-, es que el jugador no siempre encuentra pokémons o el pokémon en concreto que necesita. Y menos si siempre hace el mismo recorrido. Por esta razón, ha nacido Pokécrew, un mapa como Google Maps, ideado por los propios jugadores, quienes colaboran en la localización de las criaturas que se van encontrando. Así, si vas por la Gran Vía de Madrid y ves a Mr. Mime, el usuario puede informar de que este pokémon se encuentra allí. (Y ustedes pensarán y dirán con razón: ¿y a mí qué más me da o qué pijo me importa? Sí, bueno, pero eso es porque usted no es pokemonadicto). Se trata de una especie de mapa colaborativo en el que los usuarios informan sobre las especies disponibles en lugares concretos, una vez registrados. Por ejemplo, en el salón de plenos del Ayuntamiento de Cieza, o en el Congreso de los Diputados o el Senado, o en las reuniones de los grupos políticos que intentan más o menos en broma formar gobierno, que en todos esos sitios y/o situaciones tiene que haber bastantes. Más aún, donde más, seguramente, en el Parlament de Cataluña, de la subespecie de los puigdemons. Hay un total de 151 especies, aunque yo creo que se quedan cortos… Capturar todas es una misión casi imposible, con permiso de Tom Cruise, aunque los aficionados pueden disponer del mapa “secreto” de Pokemon Go, que se ha hecho público a pesar de ser “secreto” (¿) y que te dice donde se encuentran los pokemons.

 

Hasta qué punto no habrá llegado la fiebre de los pokemons, la pokemonmanía que una mujer rusa ha denunciado que ha sido violada por un Pokémon. Ni que decir tiene que el agente de policía que la atendió le recomendó acudir a la consulta de un psiquiatra. La supuesta agredida declaró que se había quedado dormida jugando al juego virtual y un Pokemon (no sabemos cuál de todos los inventariados y fichados) decidió cometer el abuso y la violó. ¿Estamos o no estamos locos?, y no me refiero sólo a la mujer rusa, que evidentemente lo está, sino a la generalidad de cuantos seguimos sobreviviendo más o menos a duras penas en esta sociedad alienada y alienante, aburrida, absurda, disparatada e incomprensible, que ahora le pide a usted, y a mí, que “ponga un pokemon en su vida”…¡ja! Ya mismo…

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