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Martes, 23 de Julio del 2019
Viernes, 24 Abril 2015

El Viaje (final) a Ninguna Parte. Plaga de camiones en la Región de Murcia

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos CLR

CLR/Bartolomé Marcos.

Tres veces por semana, martes, miércoles y jueves, a las 7 de la mañana el primero de los días citados, a las 9 el segundo y a las 8 el tercero, me echo a la carretera para recorrer la distancia de poco más de 90 kilómetros que separa Cieza de Fuente Álamo, población de algo más de 15.000 habitantes situada en pleno campo de Cartagena, donde, dicho sea de paso, el paro apenas sobrepasa el 10% de la población activa, que es paro, pero no tanto como el que padecemos por estas latitudes más norteñas, y donde, dicho sea también de paso, el pestor a boñiga, a mierda pura utilizada como abono orgánico para las plantaciones de brotes, arbustos y alfalfas varios para las ensaladas envasadas por multinacionales del sector, lo inunda todo. Ni que decir tiene que a mediodía traigo la pituitaria bien alimentada.

Pero la peste, la penste más bien, no es lo peor, sino que tres veces por semana me veo obligado a sufrir la tremenda plaga de camiones que asola desde hace décadas a esta pobre región de Murcia, dejada de la mano de Dios y olvidada de la providencia de los sucesivos faraones y virreyes que la mantienen en una situación menos que tercermundista en lo que a comunicaciones por ferrocarril se refiere, causa principal que ha determinado la proliferación de centenares de empresas de transporte por carretera (más que en toda Europa Occidental junta), desde las grandes empresas de ámbito internacional, con flotas impresionantes y gran número de trabajadores, hasta las microempresas de un solo camión cuyo único trabajador es el propio dueño y conductor único del artefacto, al que, como solución para sobrevivir, se le ocurrió un día sacarse el carné correspondiente, meterse en un préstamo para comprar un camión hermosísimo de muchas toneladas de tara y más aún de carga y peso máximo autorizado y echarse a las carreteras para trasladar de aquí para allá y de allá para acullá todo lo transportable, desde hazas y pacas de paja para combatir las heladas en los campos de Cieza, hasta comestibles, cerveza o ganado, vivo o muerto.

 

Lo mismo da: cada mañana, una legión de esforzados de la ruta, al volante de sus diablos sobre ruedas (sic), inunda las carreteras de la región de Murcia, muy especialmente el eje radial de la A30, convirtiendo la travesía de esos poco más de 90 kilómetros en una azarosa y ocasionalmente incluso peligrosa aventura en la que – sin exagerar- puedo llegar a contabilizar hasta más de 200 camiones por viaje. A veces me entretengo contándolos. Buena parte del trayecto se va en adelantar a estos monstruos de la carretera, conteniendo la respiración y encogiéndosete el ánimo cuando los sobrepasas y percibes que sólo sus ruedas ya son más altas que tu coche, o aguantando el enlentecimiento del tráfico rodado cuando un camión se pone a adelantar a otros originando una larga cola de coches tras él, cuando no adelantar en tramos en los que tal maniobra está expresamente prohibida para los camiones, como las rampas de subida y bajada del Puerto de la Cadena. Habrá que reconocer que la mayor parte de los camioneros son gente civilizada, servicial y sensata, pero la acumulación de camiones en las carreteras murcianas, particularmente en las vías de mayor circulación, constituye un factor evidente de complicación y penosidad del tráfico rodado en la región de Murcia, un problema que se habría visto considerablemente aliviado si se hubieran realizado las necesarias inversiones ferroviarias en la región, incluida la eternamente inacabada variante de Camarillas, angosto cuello de botella, descomunal atranque que yo recuerdo que ya existía cuando volvía para las vacaciones de Navidad o de Verano desde los internados de Ávila o de León en los que estuve hace cincuenta años.

 

Fíjense si voy siendo viejo y fíjense si es viejo (arcano y atávico más bien) el atraso ferroviario de la Región de Murcia. Vamos, marca identitaria de esta tierra. Soy de los que creen que todo lo que se mueve paga impuestos. Pues bien, cada mañana la Región de Murcia se moviliza por carretera en una movilización descomunal en la que los de Cartagena se vienen hacia Cieza y los de Cieza se van hacia Cartagena, y así en otros muchos lugares y zonas de la región. A ver si ahora que estamos en tiempo de promesas electorales, nuestros pequeños faraones y virreyes se plantean, entre otros objetivos, desde luego, pero sin olvidarse de éste, primar y potenciar el transporte ferroviario con lo mucho que nos sacan de impuestos y lo que habría que sacarles a los Rato, Bárcenas y unos 30.000 más, lo que conllevaría, como efecto colateral o subsecuente muy destacable, una reducción significativa de la plaga de camiones en las carreteras murcianas. Tal vez no les parezca asunto o problema muy importante, pero eso es porque ustedes no tienen que ir tres veces por semana a Fuente Álamo en medio de una plaga formidable y espantosa de gigantescos monstruos de la carretera.

 

Apabullan...acoquinan... Más trenes y menos camiones.

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