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Jueves, 25 de Mayo del 2017
Viernes, 01 Abril 2016

El Viaje (final) a ninguna parte. Lo cortés no quita lo valiente: los queremos, sí, pero ¡jooodeeerrrr!

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

Hace apenas dos semanas proclamaba yo desde aquí mi inesperada devoción por Cataluña, por lo catalán y por los catalanes.

Sí, y me reafirmo aquí y ahora en todo lo que dejé escrito en el artículo “Cambio de tercio: Cataluña en el corazón”, pero hoy tengo que dejar claro también mi aborrecimiento por todos los nacionalismos, cuanto más aldeanos peor, incluidos por supuesto catalanismo y abertzalismo (mejor berzalismo o berzotismo, pues que berzas, berzos, berzotas y hasta cebollinos –con perdón de los cebollinos- son la mayor parte de sus más significados voceros, o al menos me lo parecen a mí).

 

Hoy me toca desahogarme en el aborrecimiento del nacionalismo vasco, germen y alimentador de una infame lacra terrorista, la de ETA, que le trajo a España (¡perdón!) décadas de sufrimiento, y que políticos cabezahueca como José Luis Rodríguez Zapatero (que aún anda por ahí cobrando por no hacer nada, su oficio de siempre…) dieron apresuradamente como finiquitada hace años, cuando la serpiente sigue estando ahí, al acecho y dispuesta a rentabilizar políticamente sus crímenes. Si no, fíjense en el último “héroe”, Arnaldo Otegi, salido de prisión hace dos días y postulándose ya como lehendakari in pectore.

 

Sí, el nacionalismo del supuestamente siempre moderado PNV, con el que también aspiraría a entenderse el patético candidato socialista a la presidencia del gobierno de España (¡perdón!), Pedro Sánchez, que esta semana, con motivo de la celebración del Aberri Eguna (Día de la Patria Vasca), por boca del actual presidente del PNV, Andoni Ortuzar, en un ejemplo manifiesto de reduccionismo simplista, paletismo mental, patetismo existencial y caradurismo sinvergonzón, se dejaba caer perlas como éstas: «Euskadi es nuestra única patria y queremos ser libres»…¡Joder, macho!...o sea que para estos la Tierra no es su patria, o sea que no son terrícolas, ni Europa tampoco, o sea que tampoco son europeos ni quieren serlo, sino ciudadanos del privilegiado (incluso por la propia dictadura franquista) terruño norteño de levantapiedras en el que un profesor o un maestro (gracias a privilegiados conciertos económicos que pagan todos los españoles) podían jubilarse con el doble de gratificación que en el resto de España (¡perdón!), y es un ejemplo que conozco bien, porque lo he sufrido en bolsillo propio, e ilustra de manera bastante elocuente la opresión a la que los vascos han estado y siguen estando sometidos. Insistía el carpetovetónico y chauvinista individuo haciendo profesión y profusión de inconmovible fe en sus étnicas esencias: «Creemos en una sola patria, la patria vasca, y queremos hacerla crecer. Euskadi es nuestra nación, nuestra única patria. Y queremos ser libres. Libres para vivir, libres para decidir, libres para ser». Ahí es nada…la decimonónica, trasnochada y rancia empanada mental que tiene el tal Andoni, o sea, la estéril empanada nacionalista.

 

El acto central del Aberri Eguna lo abrió el lendakari, Iñigo Urkullu, que defendió en su discurso conceptos, cuyo alcance no se me alcanza, como el de la confederación de los estados vascos, la nación foral, expresión que suena bien pero que, como digo, no acabo de entender, aunque supongo se refiere a los famosos “fueros vascos”, que son los que permiten validar peregrinas situaciones como la que antes comentaba de que los trabajadores vascos puedan cobrar más que los de otras regiones, autonomías o “naciones” (en el sentido de lugares de “nacencia”) del resto de España (¡perdón!), una desigualdad más, evidente, y evidentemente injusta. O sea que los vascos tienen el fuero y se quedan además con el huevo, son más altos y más guapos que el resto de los españolitos, son más listos, es decir, son –aunque algunos no quieren- de la especie de los españolistos (tonto el último) y han dado mucho más por culo (históricamente…) Y en eso supongo que es en lo que quieren “seguir creciendo”.

 

De cualquier manera, empieza a calar en cada vez más numerosas capas de la población española, aquella peligrosa idea tan perversa y sabiamente utilizada por la dictadura franquista de que España (¡perdón!) es un país ingobernable…por eso el régimen franquista se dedicó a repartir mandobles, purgar, depurar, encarcelar y fusilar hasta conseguir la paz de los callaos, a la fuerza. La actual situación política, después de más de tres meses de infructuosas intentonas de formar gobierno parece apuntar en esa dirección. España (¡perdón!) no es un país ingobernable, no, pero sigue sin gobierno, lo que no tiene por qué ser ni malo ni lo peor, pero que es circunstancia que algunos interesados vampiros nacionales e internacionales van a aprovechar para especular una vez más con las cosas de comer. Y eso es lo grave y eso es lo que da un poquitín de repelús por no decir tremendas ganas de pulsar el botón del pánico.

 

Por qué no podemos (¡perdón!) ser un país como Francia, donde también hay catalanes, vascos y otras clases y especies de “personas humanas”, pero donde no se les nota tanto y aceptan y se sienten unidos y se reconocen bajo la misma y única bandera tricolor? Bendita Revolución Francesa y bendito, sí, bendito, Napoleón Bonaparte.

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