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Martes, 16 de Enero del 2018
Domingo, 24 Diciembre 2017

El Viaje (Final) a Ninguna Parte. La familia, siempre la familia

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

La institución familiar, antaño tan denostada como molesto incordio y antigualla por los que nos sentíamos “progres” (sobre todo en los años sesenta y primeros setenta del siglo pasado) se nos ha revelado y revela como uno de los pocos valores seguros de un tiempo incierto y problemático, como el mejor apoyo y el más valioso asidero personal ante las incertidumbres y los avatares de la vida.

La familia proporciona alimentación y afecto, educación y vestido, cobijo y protección, seguridad en definitiva, frente a la inhóspita selva exterior de competencia salvaje, insolidaridad y avasallamiento de unos contra otros. En los tiempos que corren, la familia suele proporcionar incluso algunas de las escasísimas oportunidades de trabajo decente que ofrece el mercado, en este caso el mercado familiar (más importante de lo que parece) ya que no pocos de los jóvenes que consiguen ocupación estable la encuentran en el seno de empresas e industrias familiares. Cuando todo ha fracasado, la familia no te falla; en la desgracia, la familia está a tu lado y te ofrece un asidero, sus miembros comparten contigo el infortunio y es el único contexto humano, o casi, donde se percibe limpiamente la fuerza del cariño.

 

Sí, todo eso creo que es verdad y lo que acabo de dejar escrito (que no es la primera vez que lo escribo, porque esto lo reedito frecuentemente, valorando vigencia y precisando matices) es lo que creo, pero creo también (fíjense ustedes si soy creyente) que el problema se plantea para todos aquellos que (¡pobrecicos!) no tienen familia, o que tienen familia a la que le haría falta otra familia que los ayudara… y no la encuentran. Porque en tiempos oscuros como los que seguimos padeciendo, por mucho que se empeñen en convencernos de que la crisis es cosa del pasado, las familias con recursos tienden a adoptar posiciones enquistadas e insolidarias (aparte los vergonzantes kilos de arroz, sal, garbanzos o espaguetis para el navideño banco de alimentos), reservan egoístamente (cuando no acumulan) los recursos propios, y buscan acaparar los ajenos en beneficio del clan familiar, es decir, se convierten en insolidarias mafias familiares que proliferan por doquier, en el ámbito privado (lo que ya es malo) e incluso (lo que es peor) en el público.

 

No hace falta que yo señale, que además está feo señalar, y acabarían señalándome a mí porque señalo, pero basta con que recapaciten y miren a su alrededor. Las mafias familiares existen y están aquí mismo, en Cieza, a nuestro lado, y siguen parasitando el sistema. Hunden sus tentáculos en clubes, asociaciones culturales, deportivas, educativas, religiosas, literarias, organizaciones sindicales, cooperativas de todo tipo e incluso “oenegés”, todas ellas sin ánimo de lucro pero que marcan territorio e influencias que se rentabilizan de una u otra manera y que extienden así el poder de las mafias familiares. Y no digamos nada de la gran familia de los partidos políticos, donde la vocación, la llamada irresistible del servicio público a través de alcaldatos, concejalatos y hasta asesoratos, se transmite de generación en generación –como si estuviera inscrita en el ADN- con la pretensión fundamental de situarse y de que la crisis deje de existir para ellos. Y eso incluso en formaciones políticas o partidos de nuevo cuño, no se vayan a creer, que la intrínseca perversión del sistema tiene estructura circular y recurrente, cual bíblica maldición.

 

Miren ustedes en su entorno, repasen apellidos por acá, por allá y por acullá y comprueben si están de acuerdo con lo que escribo. En estos días prenavideños todo bulle en España, todo se mueve. Estamos colocados cerca de una nueva lanzadera de salida y se está engrasando la maquinaria con el óleo melifluo y falso de los nuevos cantos de sirena que llevarán a Ulises una vez más al naufragio.

 

Sí, amigos, la familia, que siempre fue un buen invento, en tiempos de crisis (que está muy lejos de haberse ido porque vino para quedarse) lo es aún más. Cuidenla. Sin familia no tenemos nada. Sin familia...no somos nadie, sin familia no somos nada. Feliz Navidad…en familia.

 

Querido pueblo, cuida la familia, sí, pero... ojo con las familias. Peligro. Mafia a la vista…porque no hay duda: Cieza es un pueblo mafioso.

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