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Domingo, 21 de Julio del 2019
Viernes, 01 Enero 2016

El Viaje (final) a Ninguna Parte. José Ortiz Rodríguez: mucho más que un conserje. (Semblanza)

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José Ortiz José Ortiz Foto: Fernando Galindo

CLR/Bartolomé Marcos.

Conserje Mayor te llamaron (y si no, te llamo yo) porque siempre fuiste el mayor, el mejor, el más grande entre los conserjes. Además, lo tuyo era vocacional.

A ti, José Ortiz Rodríguez, Pepe el Conserje del instituto (ya se sabe cuál) no había llave ni puerta que se te resistiera. Bien conocido es el dicho, al menos lo conozco yo porque hasta así titulé hace años un artículo, de que “el poder está en las llaves”. Y Pepe Ortiz las tenías todas. Sí, Pepe, tú dominabas como nadie ese oficio de facilitar accesos, entradas y salidas, es decir, de facilitar la vida, desde la eficacia, la disponibilidad permanente, la cordialidad y la afabilidad, adornos de tu proverbial servicialidad, esa actitud de vida que es propia de quien vive volcado hacia las necesidades de los demás sin esperar nada a cambio. Cuando el servicio de reprografía se hizo más complejo, y en época de exámenes, por ejemplo, se incrementaba la demanda, allí estaba Pepe, desde buena mañana al pie del cañón, tras encender la calefacción en los meses del invierno, para cumplimentar cuantos encargos se le habían hecho y tenerlos puntualmente resueltos. Reitero: disponibilidad, afabilidad, lealtad y entrega al cumplimiento de su función, han caracterizado siempre su trayectoria.

 

Pero José Ortiz Rodríguez, conserje fusionado (hasta hacerla carne de su carne) con medio siglo de historia del Instituto “Diego Tortosa”, fue siempre mucho más que un conserje. En los últimos años, su porte distinguido, su prestancia, su natural apostura, impecablemente embutido en inmaculados trajes, le siguen dando vitola, predicamento y presencia de ministro (por lo menos...) allá donde va, y deja en mantillas a directores de instituto que han o que hemos sido, directores generales, presidentes de Comunidad Autónoma o presidentes del gobierno si al paso le salieran, que alguna vez, por cierto, le han salido y que con ellos se ha codeado. Me consta.

 

Sí, mucho más que un conserje, porque no ha habido propuesta o iniciativa que entendiera como positiva en la que no se prestara a colaborar. De ahí su participación en muchas de las películas que su instituto produjo entre 1984 y los primeros años del siglo veintiuno, poco antes de que le llegara la jubilación. Así, en el largometraje “La escritura del Diablo” (1984), José Ortiz Rodríguez fue uno de los monjes que, en el monasterio de la Vera Cruz de Caravaca, bautizaron – en la ficción- a la menor de mis hijas, Patricia. Antes, en 1985, actuaba de lo que siempre fue, conserje, en el corto “Paranoia”, una pesadilla a lo Alfred Hitchcock, desenvuelta por los intrincados y larguísimos pasillos del centro que él tan bien conocía. En otro corto, “¿Sueño?, perseguía, también por los pasillos del instituto (que son pasillos muy cinematográficos), a un alumno que se había introducido en el centro a deshora hasta conseguir encañonarlo con su escopeta de cazador avezado y disparar contra él para “despertarlo” finalmente de lo que no era sino una pesadilla. Sí...mucho más que un conserje.

 

Pero no le iban a Pepe Ortiz los papeles de malo de la película, porque él siempre ha sido, de natural, un hombre bueno y sencillo, familiar, presto y predispuesto a brindar servicio a los demás. De gesto franco y abierto, ancha sonrisa que acoge a todos, sincero y cálido apretón de manos, y brazos que estrechan tu cintura por la espalda mientras te descubre el reciente e inoportuno michelín y tuerce el gesto con amistosa desaprobación al tiempo que te quita una mota de polvo de la hombrera o de la solapa de la chaqueta para acabar de acicalarte, porque le importas y quiere que quedes bien, que estés (pensando como ejemplar subalterno) en perfecto estado de revista. Sí, Pepe Ortiz, mucho más que un conserje hasta haberse convertido en una verdadera institución en Cieza, de humilde origen pero de gran sabiduría práctica y vital, siempre fue un pelín pegajosillo, ¿verdad?, lo que no era sino traslación de su natural cariñoso y de su propensión al trato cordial, afectuoso, accesible y cercano con la gente.

 

Son personas, personajes también, de nuestro cotidiano entorno. Forman parte de nuestra vida. José Ortiz Rodríguez, conserje Mayor y el mayor y mejor de los conserjes del IES “Diego Tortosa” desde la creación de este centro educativo en Cieza. La afabilidad hecha conserje. Un hombre franco, leal y servicial, un hombre de pueblo, del pueblo y para el pueblo. Historia viva de aquí mismo.

 

Si pasa hoy a su lado, no deje de saludarlo. Seguro que corresponderá al saludo de usted, a su escueto, modesto y simple “adiós”, como mínimo, con una ancha y acogedora sonrisa y, quizá, le conozca a usted o no, con un más explícito y cariñoso “vaya usted con Dios, fulano” o “adiós, buen hombre”, concretando, corporeizando y encarnando en usted su concepción de la bondad universal y su íntima convicción de que “todo el mundo es bueno”...como él, como usted.

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