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Miércoles, 23 de Agosto del 2017
Sábado, 05 Agosto 2017

El Viaje (Final) a Ninguna Parte. Irse todos a la mierda (Julio de 2013- Manolo Dato, por algún recoveco atalayero)

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Manolo Dato Manolo Dato

CLR/Bartolomé Marcos.

Se pongan como se pongan los académicos de la Real Academia Española de la Lengua, nadie les va a hacer ni caso ni en lo de idos o iros ni en cualquier otra cosa que digan, aunque en esta ocasión creo que se ha adoptado un acuerdo bastante razonable (iros).

El pueblo habla como le parece, y hasta como le apetece, porque la Lengua es suya, y ya pueden decir los demás lo que quieran. Iros vosotros –aunque sea a la mierda, y ya estáis tardando- les acabarán diciendo como se pongan pesados.

 

Es lo mismo que hay que decirles a los políticos: iros de vacaciones (hasta el 1 de Octubre inclusive) o, si no, nos vamos nosotros, pues así no queremos ni podemos seguir. Aunque lo mejor quizá sea que nos vayamos todos y durante un mes (o dos) nos olvidemos de que este país no tiene remedio, como les ocurre a muchos matrimonios. Y a la vuelta ya vemos si Cataluña sí o Cataluña no, si referéndum sí o referéndum no, si moción de censura al Gobierno sí o tampoco, si los corruptos van a la cárcel o salen de ella y si se dice iros o idos, y no digamos nada de íos, o irse tós.

 

Es lo que diría, y es lo que de hecho decía, a grito pelao y destemplao un buen amigo, Manolo Dato, desgraciadamente desaparecido hace cuatro años, precisamente por estas fechas caniculares. Siempre estaba en la Atalaya…hasta que un día dejó de estar. Nuestro común amigo y compañero de caminos y senderos atalayeros, Pedro Luis Almela, le ha dedicado unas sentidísimas palabras, que, con su permiso, reproduzco aquí y ahora. Qué menos que dedicar un recuerdo a amigos que, como Manolo, jamás pidieron nada. Él (Pedro Luis) también las habrá publicado ya, en facebú , tuiter, instagrán o cualquiera de esas otras redes antisociales, que –contra mis recomendaciones- le gusta frecuentar. Dice así Pedro Luis (y yo suscribo) de su amigo del corazón (después también del alma).

 

Manolico Dato: Te perdí, te perdí para siempre, Manolo. La gente intenta consolarse de alguna manera. Lógico y muy humano. Pero te perdí, te perdí para siempre. No me vale tu recuerdo ni me consuelan del todo tus versos. Añoro tu palabra viva, escandalosamente cariñosa, echo de menos tu presencia por los caminos atalayeros. Te perdí para siempre. Llevo el cd de blues que me grabaste en el coche y lo escucho, a veces. Porque allí no están tus pasos en esas mañanas que acababan en celebración cervecera. No me conformo. Manolo, a no verte nunca más. No soy fácil de consolar. Te perdimos, muchos, para siempre.

 

Manolo Dato era persona (humana, ya se sabe) y personaje inclasificable, de gran corazón herido. Como buen hijo del Romanticismo, Manolo Dato, tantas veces irracionalmente impulsivo, se equivocaba mucho. Sus aspiraciones en la vida no eran sino las de Don Quijote, otro (anti) héroe, romántico también, campeón de la equivocación y el estropicio, que tampoco sentía el menor deseo de “jugar en un mundo en el que todos hacen trampas”, genial frase del novelista francés François Mauriac, que refleja una actitud compartida por la mayoría de la gente honesta (que sigue siendo mayoría), que no quiere ni puede renunciar a su integridad personal y moral en una sociedad que tiene como marca de fábrica y referencia principal la cínica indecencia y la consigna de que el honrado, por serlo, es tonto. Bueno, pues Manolo Dato era lo uno sin tener un pelo de lo otro. Sigue hablando Pedro Luis Almela:

 

Muy temprano, como siempre, sus pies lo habían empujado esa mañana –como tantas otras- fuera de la cama; muy temprano, sí; tanto, que cuando me lo encuentro en el camino su corazón ya me lleva casi dos horas de ventaja, transcurridas a ritmo del blues que resuena machacón pero agradable en sus oídos, acompasado tren que lo lleva lejos de allí, de aquí, quizá hasta de él mismo...buscándose siempre sin acabar de encontrarse nunca.

 

-Manolo, te dije que no me grabaras tanta música de esa.

 

-Tú qué sabrás de música, mariconazo...

 

El exabrupto en su boca es una mentira que halaga, una pulla cariñosa que dirige- cansino y redundante, pero característico y peculiar - a todos -que son muchos- con los que nos encontramos en el camino. Los paseos atalayeros son un inmenso ágora donde Manolo afirma y refuerza amistades de todo pelaje y condición en popular y democrático revoltijo de tipos humanos y desclasadas clases sociales. Todos lo conocen, y él a todos les devuelve con su estilo único el saludo mañanero. Es su mundo, su segunda casa abalconada sobre el padre río y la madre huerta...Manolo Dato en estado puro.

 

Manolo, Pedro Luis y yo queríamos acordarnos hoy de ti…

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