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Martes, 23 de Julio del 2019
Viernes, 10 Julio 2015

El Viaje (final) a ninguna parte. Historias de avaricia y rompe el saco

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

Contaba “Guillermo Saquespeare” hace unos 415 años más menos en su obra “El mercader de Venecia” la historia de Bassanio, un veneciano que pertenece a la nobleza pero que-¡ay!- es pobre, y que le pide a su mejor amigo, Antonio, un rico mercader, que le preste 3000 ducados que le permitan enamorar a la rica heredera Porcia, de la que se ha prendado por encima también de sus posibilidades.

Antonio, que tiene todo su dinero empleado en sus barcos en el extranjero (¡tremenda imprevisión y otro loco e irreflexivo aventurero que gasta igualmente por encima de sus posibilidades!) decide pedirle prestada la suma a Shylock, un usurero judío (acabáramos...los fondos buitre); Shylock acepta prestar el dinero con la condición (siempre las condiciones leoninas de los usureros) de que, si la suma no es devuelta en la fecha fijada, por ejemplo el 30 de Junio de 2015, al FMI, Antonio tendrá que entregar una libra (medio kilo) de su propia carne (corte y recorte sin contemplaciones, ¿verdad?) de la parte del cuerpo que Shylock dispusiera (la más cercana al corazón, esto es, la sanidad, la educación...-¿qué falta les harán estas cosas a los pobres?-, o las pensiones -¿por qué no se morirán de una vez estos viejarucos empeñados en seguir viviendo más allá de expectativas razonables y dejarán de esquilmar el sistema? Basta ya...¿o acaso no han vivido bastante?).

 

Por voluntad de su padre, Porcia debe casarse con aquel pretendiente que escoja, de entre tres cofres (uno de oro, otro de plata y un tercero de plomo) aquel que contenga el retrato de ella. Bassanio elige el tercero (¿ven?, modesto el hombre, el de plomo) que es el correcto y se compromete con Porcia. Ella le da un anillo como muestra de amor, y le hace prometer a Bassanio que no se lo quitará. Lo mismo hace Nerissa, criada de Porcia, con Graciano, un amigo de Bassanio.

 

Todo parecía ir bien, pero los barcos de Antonio se hunden (naufraga la economía, las primas de riesgo suben y la deuda se vuelve impagable y, como tal, no se paga...lógicamente, que diría en otros tiempos Felipe González). Shylock (el jodío judío de los fondos buitre) reclama su libra de carne, exigiendo que sea de la parte más próxima al corazón (figúrense si el tío es hijoputa). Tal situación desemboca en un juicio presidido por el dux de Venecia, mutatis mutandis Pascual Lucas, alcalde de Cieza, juicio al que asisten Porcia, disfrazada de abogado, y Nerissa, de ayudante. Porcia da la razón a Shylock ( sólo como estrategia y para despistar) y admite que éste, por ley, puede cobrarse la libra de carne, poniendo en grave riesgo la vida del deudor, Antonio. Sin embargo sólo puede ser carne, y por lo tanto no puede derramar ni una sola gota de sangre. Shylock, ante las dificultades que se le oponen, desiste de su reclamo de cobrar en carne y pide luego el doble de lo que le debían, en concepto de intereses desproporcionados, y daños y perjuicios inventados por su tortuoso cerebro de avaro financiero sin alma ni corazón, pero le dicen (¡ah! el buen y prudente dux, que podría ser también Pascual Lucas, o Paco Saorín o Miguel Gual…¡joder!, si es que tenemos tres alcaldes en uno) que si no accede al cumplimiento del contrato se iría preso, salvo que done todas sus riquezas.

 

Así, el dux le quita sus riquezas, y le da la mitad a Antonio (que representaría al pueblo) y la otra mitad al estado, que es más pueblo aún. Antonio dice que le perdona su parte si se convierte al cristianismo, pero más que nada sería que le perdona si deja de hacer judiadas (y no quieran buscar atisbo alguno de antisemitismo en estas frases, que no lo hay...cada pueblo arrastra, como una pesada losa, su propia leyenda negra que vale al menos para malentendernos) y le da sus propiedades a su hija Jessica, que Shylock ha desheredado por haberse fugado y casado con Lorenzo, un cristiano.

 

El abogado y su ayudante (que en realidad son Porcia y Nerissa) les piden como muestra de gratitud a Bassanio y a Graciano el anillo que llevan puesto. Ellos al principio se niegan, pero terminan por entregárselo. Cuando llegan a Belmont (casa de Porcia), ambos aparecen sin el anillo, por lo que son recriminados, pero al final Porcia y Nerissa les muestran los anillos y confiesan la verdad. Además, Porcia informa a Antonio de que tres de sus barcos han vuelto sanos y salvos.

 

En un final feliz típicamente hollywoodense- aunque Hollywood aún no se había inventado- todo acaba bien para los personajes de la obra, excepto para el malvado Shylock. ¿Acabará así también en nuestro tiempo...? De momento, los griegos han quitado a Varoufakis y han puesto a Euclides Sakalotós, para que lo saque tó o para que se lo saquen tó. Si no lo consigue él, con ese nombre y ese apellido, no habrá hombre ni dios que pueda lograrlo frente a los shylocks de la troika comunitaria y adláteres.

 

Ya ven cómo la literatura, incluso en clave de comedia, sirve para iluminar aspectos de la gran tragedia griega. Y es que no hay derecho, no, es que “sois demasiado jóvenes para estar tan tristes” (¿y esto a cuento de qué viene?.

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