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Martes, 12 de Diciembre del 2017
Viernes, 04 Marzo 2016

El Viaje (Final) a Ninguna Parte. Historia de un premio

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

El 23 de Febrero de 1996, a la edad de 56 años, moría Aurelio Guirao Moreno, profesor y poeta ciezano.

En Octubre de ese año, yo mismo, que a la sazón desempeñaba el cargo de Jefe del Departamento de Actividades Complementarias y Extraescolares del IES “Diego Tortosa”, propuse a la dirección del instituto la convocatoria de un premio de poesía en memoria del profesor y poeta fallecido, autor de una notable obra literaria y personaje dotado de extraordinarias capacidades creativas en múltiples facetas, como puse de manifiesto en el artículo publicado la semana pasada con motivo de cumplirse el 20 aniversario del fallecimiento de Aurelio, sin duda, a estas alturas, no sé si apreciado, pero sí preciado y precioso bien inmaterial de la ciudad de Cieza.

 

La dirección del instituto se mostró receptiva a la propuesta y la convocatoria se incluyó en el programa anual de actividades, contando con el patrocinio del Ayuntamiento de la ciudad y la colaboración del grupo de literatura de “La Sierpe y el Laúd”. El premio se planteó desde la modestia en sus pretensiones: 50.000 pesetas para el único premio establecido (aún no habían llegado los diabólicos euros), placa y publicación del poemario en las páginas de la revista Ábaco. La extensión de los poemarios, un máximo de 200 versos y un mínimo de 14, buscando orientar la participación hacia el recipiente estrófico clásico del soneto.

 

Hay que decir que la participación nos sorprendió. Más de 300 poemarios, procedentes de todo el mundo de habla hispana, en particular, España, Sudamérica y los Estados Unidos, se presentaron al premio. Como detalle curioso y anecdótico decir que factor esencial en la difusión de la convocatoria del premio fue la revista MIA, del subgénero corazón y afines, presente en todas las peluquerías de señoras, que publicó las bases del premio y que propició que nos llegaran multitud de participaciones, algunas incluso escritas a mano, con lápiz o bolígrafo, en hojas de cuadrícula arrancadas de un bloc de gusanillo. Después, aquel inusitado furor poético, fundamentalmente femenino y uterino, se atemperó, y la participación se mantuvo en los 70, 80 y hasta 100 poemarios en cada convocatoria, con autores generalmente españoles, pero siempre en un dignísimo tono y nivel de calidad.

 

Entre los años 2007 y 2011, el premio incrementó de manera significativa su dotación económica, que llegó a situarse en los 1.000 euros, es decir, multiplicando por más de tres la dotación con la que el premio había iniciado su andadura en 1996. En los últimos años, desde el curso escolar 2010-2011, a partir de una propuesta al respecto del grupo de Literatura de “La Sierpe y el Laúd”, el poemario ganador se publicaba además en un número especial de la colección ACANTO del propio grupo de Literatura, consiguiendo así una mayor singularidad, proyección y repercusión del texto poético premiado, lo que se tradujo en una concurrencia más significativa de prestigiosos poetas.

 

Pero hete aquí que aprieta la jodida crisis, los institutos lo pasan muy mal desde el punto de vista económico y los exiguos, recortados, y mermados presupuestos para gastos de funcionamiento de los centros de enseñanza empiezan a no poder garantizar ni el funcionamiento en lo que es más perentorio, vital y urgente: facturas de luz, agua, comunicaciones, material, calefacción o reparaciones. El Instituto – un centro que desde hace bastantes años ha puesto una de sus marcas de fábrica y señas de identidad en la potenciación, la difusión y la creación poética- intenta la supervivencia del premio, rebajando de nuevo la cuantía de su importe en metálico, hasta que finalmente los responsables del instituto–es una pena- arrojan la toalla, se rinden, y deciden no convocarlo a la espera de tiempos más boyantes en lo económico que permitan resucitarlo, porque esto es lo que ha ocurrido, el premio de poesía Aurelio Guirao, del IES “Diego Tortosa”, ha muerto y lo de la resurrección no deja de ser sino un desiderátum bienintencionado, una expresión de buenos deseos que a nada compromete y que probablemente en nada quedará, porque la emplaza a un incierto futuro en el que se entrevé que las prioridades del mundo (o de Cieza o del Instituto) no merodearán precisamente por los territorios de la poesía. No nos engañemos. Es triste constatarlo pero prácticamente nadie va a reclamar la resurrección del premio. Así somos y a esto hemos llegado. Resulta más desgraciada aún la circunstancia de que la desaparición del premio se produzca cuando estaba a punto de cumplir los 20 años. Se ha quedado en 19 y es una pena que una actividad cultural de relieve, convocada en torno a un poeta de lo mejor que ha dado Cieza y que no costaba más allá de los 1.200 euros, se haya ido al garete. Dos instituciones como el IES y el Ayuntamiento han sido incapaces de mantenerla y una entidad cultural como La Sierpe, económicamente insolvente por definición, se ha visto obligada a asistir como convidado de piedra (ausente) a la ceremonia de la liquidación, una vez más, de una iniciativa cultural.

 

Aurelio Guirao tenía en Cieza un Auditorio (que sigue teniendo) y un premio (del que lo han desposeído). Lo siento, amigo. Nada hay eterno bajo el sol. Sólo te queda el recuerdo –mientras dure- de cuantos supimos de ti, te conocimos y te valoramos en tu difícil, atormentada y sufriente complejidad personal.

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