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Jueves, 19 de Setiembre del 2019
Viernes, 23 Octubre 2015

El Viaje (final) a Ninguna Parte. “Gasolineros” a la fuerza

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

Habrán reparado ustedes en que, de un tiempo a esta parte, multitud de empresas (las de mayor dimensión o envergadura más aún) están descubriendo la “cuadratura del círculo”, de manera que no sólo nos prestan un servicio o nos venden un producto, cobrándonos por ello como es lógico y obteniendo su legítimo beneficio, sino que –si nos dejamos...y con la mayor cortesía y caradura del mundo al mismo tiempo, o sea, que nos la meten “doblá”- nos vinculan laboralmente con ellas sin pedirnos permiso, es decir, nos hacen trabajar para ellas, sin pagarnos ni un céntimo, como no es tan lógico, ni descontarnos del precio que pagamos el precio de nuestro torpe y atolondrado curro, sí, torpe y atolondrado, pero curro al fin.

Algo lógico quizá sólo para la mercantilista e interesada lógica del mayor beneficio de la empresa. Arquetípico ejemplo de lo que digo es el de las gasolineras, en las que, desde hace bastantes años y con la excusa de razones de seguridad contra atracos de por medio, nos convierten –manguera en mano- en voluntariosos dispensadores a la fuerza de gasolinas y gasóleos, debiendo descolgar la manguera (y quedarte con el olor a gasolina en las manos, olor que después impregnará el volante si no has tenido la precaución de ponerte guantes), pulsar el botón para marcar la cantidad solicitada de repostaje, desenroscar el tapón del depósito de combustible de nuestro vehículo, agarrar la manguera mientras una voz grabada, de timbre casi siempre bastante desagradable, nos informa sobre el tipo de combustible elegido (“Ha elegido usted gasóleo A”...), introducir adecuadamente el pizote metálico de la manguera en la bocana del depósito, apretar el gatillo para que empiece a manar la gasolina o el gasoil hacia el interior del depósito, volver a dejar la manguera en su poste, cerrar el depósito del combustible y pagar en caja casi siempre con tarjeta de crédito o de débito y sin haber visto ni a una sola persona (empleado, se entiende) en todo lo que dura tan prolijo y entretenido trámite, que hay que cumplimentar siguiendo estrictamente sus pasos y cadencia, y sin equivocarse, que si te equivocas la responsabilidad es tuya y tú y sólo tú pagarás las consecuencias.

 

Es posible que yo sea muy torpe (no es que sea posible, me conozco y es seguro), pero me han pasado ya bastantes cosillas en mi aún relativamente corta experiencia como obligado dispensador de combustible en estaciones de servicio, porque, aunque el invento de hacer del cliente un empleado a coste cero tiene ya algunos años de vigencia, yo me he venido resistiendo al forzado enrolamiento. Aparte de lo ya referido sobre el olor a gasolina o gasoil en las manos o el volante tras haber olvidado ponerme los guantes, la necesidad de colocar el coche junto al surtidor teniendo en cuenta la ubicación del depósito, o la longitud de la manguera, que, o se queda corta o se pasa de larga, o las dos o tres ocasiones en las que, pretendiendo llenar el depósito y confiando en que el repostaje se detendría automáticamente, ha acabado sin embargo desbordándose y derramándose por el lateral del coche y por el suelo un cuarto de litro o medio litro de gasolina o de gasoil. Cuando ocasionalmente he reclamado a la única dependienta del establecimiento sólo he obtenido una displicente, vergonzante, conmiserativa y hasta humillante explicación del tipo de “es que usted no la habrá metido bien” (la manguera, se entiende), añadiendo vergüenza a la vergüenza y escarnio al expolio. Será eso, señorita...será eso...es que uno ya va teniendo una edad...Disculpe usted...(si no he sabido hacer bien un trabajo por el que cumplidamente pago y nada se me paga, podría haber añadido). Por no referirme a los problemas de seguridad que pueden derivarse de la manipulación por manos inexpertas de máquinas que trabajan con un material y equipamiento muy sensible, altamente inflamable, de cuya errónea manipulación pueden derivarse gravísimas consecuencias para las personas, o para sus bienes, si se suministra por ejemplo el combustible no adecuado para el motor del vehículo, que más de una vez ha pasado.

 

Detrás de estas situaciones se encuentra las más de las veces la hidrópica voracidad empresarial, el afán de maximizar el beneficio a costa de reducir al mínimo la mano de obra contratada, y así, la verdad, no vamos a ninguna parte. Extraordinarias instalaciones sin un alma a la vista, es decir puro negocio desalmado.

 

Por eso, últimamente, acostumbro a recalar con mi coche para repostar gasolina en Cieza en la gasolinera de CEPSA-Benedicto, junto a la Discoteca Prince, en el Camino de Murcia. Ni me pagan como circunstancial pero obligado gasolinero a la fuerza ni me paga tampoco nadie por esta publicidad que hago gratuita y porque me da la gana, como pura opinión y recomendación personal. Allí siempre encuentras empleados a cargo que te atienden con corrección y hasta con amabilidad y que se ganan la vida honrosa y honradamente prestando un servicio que requiere un mínimo de saber hacer y profesionalidad, cualidades ambas que yo, evidentemente, no tengo para tal menester. En la tienda, una chica muy diligente, agradable, lista, simpática, servicial y hasta (¿por qué no?) guapa, te entrega tu recibo y te explica las ventajas de volver por allí, mientras fuera, con total seguridad, otro empleado, a veces otra empleada, una joven rubia de aire muy dinámico y competente, hace llegar hasta tu depósito los litros de combustible que has solicitado.

 

Sólo en esta gasolinera, hasta cuatro o cinco personas, quizá más, en diferentes turnos, se ganan la vida con este oficio, creciente y alarmantemente precarizado y desprofesionalizado por un generalizado intrusismo, alentado desde la patronal, que convierte a clientes con pocos derechos en empleados sin ninguno.

 

Si aquí son cuatro o cinco las personas que trabajan (que no lo sé y quizá sean más), fíjense cuántas podrían hacerlo en el conjunto de las gasolineras que funcionan en Murcia o en España si no se empeñaran en hacernos a todos gasolineros a la fuerza.

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