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Viernes, 21 de Julio del 2017
Sábado, 11 Marzo 2017

El Viaje (Final) a Ninguna Parte. Día Internacional del Hombre

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

Que yo sepa no existe, pero entiendo –y defiendo- que habría que inventarlo, el Día Internacional del Hombre, digo, para resituar en su justa dimensión la mala prensa que en general tienen los hombres, particularmente en este malhadado e infausto siglo XXI, que no lleva buen camino precisamente, no, vaya que no, y no sólo en el asunto que ocupa hoy estas líneas.

Además, por una razón de simple paridad: si hay un Día Internacional de la Mujer, que celebrábamos precisamente el miércoles, 8 de Marzo, por justicia habría que instituir también, como digo, ese Día Internacional del Hombre.

 

Mala prensa la que tienen los hombres basada en datos, sí, en lamentabilísimos, persistentes e inadmisibles sucedidos, protagonizados por detestables bestias de zoológico, corral o albañal, que sólo merecen desprecio pero que derivan frecuentemente en injustas generalizaciones que descalifican al hombre frente a la mujer o que rebajan hasta la desvirtuación la consideración positiva de nobles conceptos como hombría, masculinidad, o virilidad, e incluso determinan injustas y parcialísimas decisiones judiciales en casos de separaciones, divorcios, custodia de hijos, compensaciones económicas...en las que los hombres suelen salir sistemáticamente perdiendo.

 

Vaya por delante que el Día Internacional de la Mujer es un buen momento para reflexionar acerca de los avances logrados (que a pesar de los muchos tropiezos en el camino, han sido muchos), pedir más cambios y celebrar la valentía y la determinación de mujeres de a pie que han desempeñado y desempeñan un papel clave en la historia de sus países, comunidades, pueblos y no digamos nada de sus casas. Vaya también por delante que soy absolutamente incapaz de ejercer no ya violencia de género, sino cualquier género de violencia, pero, no me lo puedo remediar, siempre he aborrecido el tópico, el lugar común, lo políticamente correcto, y en este asunto me pasa lo mismo. Por eso, aun corriendo el riesgo de ser malinterpretado, diré que los malos tratos a mujeres, la violencia de género, a pesar de lo llamativo de los casos que se han sucedido en estos primeros meses de 2017, a pesar también de considerar que sigue siendo un problema gravísimo que ninguna sociedad puede ignorar, y no digamos consentir o tolerar, constituyen un problema minoritario y, sobre todo, que a la par de ese problema se encuentra probablemente el de los malos tratos hacia los hombres por parte de las mujeres, en situaciones que muchas veces añaden al oprobio y el sufrimiento del maltrato, el de su vergonzosa y vergonzante vivencia, es decir, que es algo que el hombre difícilmente se atreve a reconocer y lo sufre en silencio, a veces durante toda la vida.

 

Afortunadamente, por cada varón energúmeno que maltrata a su parienta, a su pareja o a su novia, hay millones de maravillosos seres humanos del sexo masculino que las respetan y las aman. Afortunadamente también, por cada bárbaro que dice (y lo peor es que lo hace) aquello de “la maté porque era mía”, hay millones de hombres que proclamarían en caso de naufragio aquello otro de “las mujeres y los niños (incluidas las niñas) primero” y que serían incluso capaces de entregar generosamente sus vidas por salvar las de ellas.

 

Es cierto que a las mujeres se las ha postergado históricamente en el acceso a la educación, o a los puestos de más alta responsabilidad, en la administración, en las empresas o en la política y que, paralelamente, se las ha solido retribuir peor por su trabajo. Todo eso es cierto. Pero, aun admitiendo la postergación histórica de la mujer en general y que algo de eso quede aún, ¿en cuántas casas manda ella mucho más que él?¿En cuántas el hombre es un esclavo sin respiro siquiera en su trabajo?¿En cuántas, además de todo lo anterior-ya sé que en esto son menos, lo sé- el hombre colabora también en las tareas del hogar sin compensación, contraprestación o reconocimiento de ninguna clase? Si se polemiza y discute sobre las desigualdades laborales o sociales derivadas de evidentes diferencias biológicas (¡Vive la difference!, por cierto), como las que distinguen a los hombres de las mujeres, y se defiende y postula la igualdad, ¿por qué se admite sin más una fundamental e injusta diferencia, que determina que ellos, los hombres, emigren antes de la vida que ellas, las mujeres, en el definitivo viaje a ninguna parte? Es decir, si defendemos la consustancial igualdad entre hombres y mujeres, ¿por qué no tienen unos y otras iguales expectativas de vida? ¿Qué circunstancias sociales –que si son sociales podríamos quizá intentar remediarlas- conducen a esa intolerable injusticia biológica?¿Por qué, en definitiva, hay tantas viudas y tan pocos viudos?¿Por qué no se mueren –estadísticamente al menos- al mismo tiempo? Entiéndanme, la muerte es una injusta maldición. Yo no quiero que se muera nadie y en eso no hago distinciones de género, pero creo que el futuro es matriarcado, y atendiendo al desvalimiento general y generalizado de ellos y a su endémico y crónico desánimo, pienso que sería importante, bueno, justo y necesario, establecer un Día Internacional del Hombre, donde se pusieran en valor virtudes como las antes mencionadas: la masculinidad, la varonía, la reciedumbre, la contención, el vigor, la fortaleza, la ingenuidad, el vigor o la nobleza, que sin ser atributos exclusivos de ellos, sí que suelen adornar al hombre cuando el hombre merece ese nombre.

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