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Martes, 15 de Octubre del 2019
Viernes, 11 Diciembre 2015

El Viaje (Final) a Ninguna Parte. “Apuntes en sucio”, poesía limpia, clara, comprometida y transparente

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Salvador Moreno Salvador Moreno

CLR/Bartolomé Marcos.

Acaba de salir publicado. Estos que corren que se las pelan empiezan a ser buenísimos tiempos para la lírica...y (que Dios nos pille confesados) para la oración, que en cierto modo son dos caras del desquiciamiento, la desesperación y la angustia. No se pierdan su lectura. Háganla como quieran: de un tirón, que el poemario no es demasiado extenso, no empacha, y se deja, o bien poema a poema, verso a verso, golpe a golpe. El libro lo ha editado la Asociación Cultural “Pueblo y Arte” de Cieza y recoge la obra galardonada con el vigésimo premio Internacional de poesía “Luys Santamarina” Ciudad de Cieza.

La génesis de “Apuntes en sucio”, está vinculada con un día de Agosto, en la playa, y el poeta jumillano Salvador Moreno Pérez –su autor- en estado de gracia, bendecido por las musas inspiradoras para arrancar y culminar un más que estimable poemario, diverso, disperso a veces, tenso e intenso casi siempre, al que el poeta ha titulado modestamente, de manera nada pretenciosa, como “Apuntes en sucio”. Hay que decir que para dejarlo reducido a unos simples y humildísimos apuntes, Salvador Moreno Pérez ha sacado de su corazón y su magín una obra llena de fuerza y de interés, cualidades ambas provenientes en gran medida de la actualidad y del evidente compromiso personal y social que refleja este poemario.

 

Salvador Moreno parte de una concepción lúdica y libérrima del hecho poético – “La poesía es lo que quieras tú”, dice expresamente en el primero de los poemas de “Apuntes en sucio”, un medio de expresión-comunicación que lo mismo vale para un roto que para un descosido, para salvarlo a él, para salvarte a ti, para salvarnos a todos, para salvar incluso al mundo de las garras del salvaje neoliberalismo que ha vuelto a resucitar la esclavitud en zonas donde se creía erradicada. En un mundo roto, hosco, feo, hostil, la poesía de Salvador Moreno en “Apuntes en sucio” es un optimista y esperanzado canto a la libertad y al gozo de vivir, a pesar de las indudables dificultades del momento, que a nadie se le ocultan:

 

“Es que esta tarde quiero fabricar, fabricar...escribir versos, y no dejar por ello de sentirme feliz, ¿acaso es un pecado?”.

 

En “Apuntes en sucio”, el poeta jumillano y arquitecto Salvador Moreno Pérez disfruta de lo que hace y con lo que hace, aunque, desde el alejamiento, tranquilidad y placidez del retiro veraniego en el que escribe su obra, sigue atento a las embestidas del dolor y la desgracia, como en el bellísimo poema que arranca con una doliente constatación: “Soy huérfano”. Poema de una marcada, sonora y perceptible estructura paralelística (uno de los recursos rítmico-musicales que más frecuentemente utiliza Salvador en este poemario), repleto de larguísimas y sugerentes enumeraciones, que lo dotan de cadencia y –si se me permite la expresión- de gran sonorosidad. Y al lado del son, el sentido, al lado de la música, el drama de la vida, porque “toda biografía es orfandad y muescas...es dolor, enfermedad, impureza, sangre seca en la herida, arruga, pena, llanto”.

 

El de “Apuntes en sucio” es poeta culto, inteligente, y...arquitecto, particularidad esta última en modo alguno banal, sino pertinente para comprender bien su poesía y el bien trabado y trabajado, clásico y armonioso constructo poético que nos ofrece en esta obra.

 

Fíjense, si no, en la evidente mentalidad de arquitecto que levanta este poema con toda la naturalidad y la maestría del mundo, sin estorbar al son ni al sentido, ambos en perfecto y armónico matrimonio, cosa tanto más de admirar por cuanto que no suele ser frecuente, ni en la poesía ni en la vida:

 

“Tu mano de albañil sobre mi frente,

tu beso en la ranura de mi nuca,

y los cuentos que acaso me contaste

y que olvidé en la ruta, ¿me perdonas?

son cimientos, pilares, muros, vigas,

palustres, alcotanas, palas, picos, lápices de carbón, reglas, niveles,

escoplos y plomadas con que mido

la vertical grandeza de la vida...

tan quieto estoy aquí

tal un ladrillo

que tu mano y tu verbo consagrara.”

 

“Apuntes en sucio” es una explosión (controlada, porque Salvador ya no tiene edad para la locura) de amor a la vida y a la naturaleza, incluso a la naturaleza cultivada, al campo, con el alejamiento del ruido... Sí, yo creo que este poemario en buena parte ha surgido del silencio, de poner distancia, de alejarse del ajetreo del mundo,

 

“Cosechar el trigo, la avena, la cebada,

Los jínjoles, los higos, las granadas,

La sonrisa del agua”

 

Pero la poesía es palabra esencial en el tiempo, aunque estos “apuntes” también están llenos de rabiosa circunstancialidad y referencias al crítico momento por el que atraviesa la humanidad, si bien la humanidad, para los poetas, siempre ha estado en crisis a pesar de que las crisis, sobre todo las existenciales, son materia prima y sustento de la poesía en una forma de expresión sugerente y bella. Reparen, si no, en el matrimonio que nos presenta Salvador:

 

“Y subimos al auto, amarillo y lavado...

Nadando entre las furias de la duda

Y el llanto se hizo risas,

Sueños, susurros, hijos...

Así florece el mar, viven las piedras.

Así duerme la Luna y viaja el Sol.

Algún poeta diría que esto es amar”.

 

La mirada del poeta no renuncia a la ironía, sino que la utiliza sabia y certeramente para develar el engaño de una crisis que es burla y que es estafa... Aquí, en estos “Apuntes en sucio”, más sucios que nunca, el poeta echa pie a tierra y se moja.

 

“A la rapiña llaman equilibrio, al robo ajuste y error a la desafección, y es que los pueblos se equivocan siempre, no saben lo que se hacen, perdónales, señor...no tienen fe en los dogmas del Mercado...”

 

En “Apuntes en sucio” se da una relación estrechísima, y logradísima, entre contenido poético y recipiente expresivo, entre forma y fondo, que discurren de consuno y fluidamente en sonorosa conjunción. Destacar muy especialmente la sabiduría, la habilidad y hasta el oficio del poeta en el manejo de heptasílabos y endecasílabos, los metros más habituales en este poemario, junto al alejandrino.

 

“Que el árbol que estás viendo ya no existe,

Que el bosque es un instante suicidado,

Que el ojo es un tesoro porque es mudo,

Que sus silencios son tu patrimonio

Y su lenguaje es mudo y viperino”.

 

Perfectos endecasílabos. Sin lugar a dudas, Salvador Moreno Pérez es un clásico contemporáneo.

 

“Quede para otro Agosto la tarea de traspasar a limpio estos apuntes”, nos dice en postdata final su autor, que apuntes en sucio eran estos –recuerden. Se me antoja a mí que, de hacerlo, Salvador volverá a regalarnos el alma con otro poemario, tan brillante, tan intenso, tan logrado como éste. Le sobran ganas, fuerzas, inspiración y recursos.

 

Vale.

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