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Martes, 26 de Setiembre del 2017
Sábado, 29 Abril 2017

El Viaje (Final) a Ninguna Parte. Aparte de preferir a las rubias, los verdaderos caballeros protegen a los débiles

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Bartolomé Marcos Bartolomé Marcos

CLR/Bartolomé Marcos.

—No hay verdaderos caballeros —soltó el Perro con un bufido—, igual que no hay dioses. Si no puedes protegerte a ti misma, muérete y aparta del camino de los que sí pueden. Este mundo lo rigen el acero afilado y los brazos fuertes, no creas a quien te diga lo contrario.

Es un diálogo de la novela que lleva por título “Choque de Reyes” (de la misma saga de “Juego de Tronos”) que está desenvuelta en un mundo que podríamos denominar utópico (fuera del espacio inmediatamente reconocible) y anacrónico, o más bien ucrónico (fuera del tiempo reconocible). Utópico, anacrónico y ucrónico, fantástico y disparatado en cuanto que no sujeto a verdad histórica o análisis sociológico de la realidad, pero que, en el ámbito de la naturaleza humana y de sus motivaciones, tiene una relación muy estrecha con nuestro mundo, nuestro tiempo y nuestra sociedad de los días que corren. Los verdaderos caballeros protegen a los débiles, pero es que no hay quien proteja a los débiles porque hay que negar la mayor, y es que los verdaderos caballeros no existen; por eso, como pasaba en aquel irreal pero realista mundo de hace cientos de años de “Choque de Reyes”, en nuestra sociedad de hoy los más débiles están cayendo los primeros, y seguirán cayendo en progresión geométrica: trabajadores, funcionarios, pensionistas, mujeres, ancianos. Sin ir más lejos yo mismo me caí el sábado, 22 de Abril (los patitos patosos, como yo) en el parking Gran Vía de Cieza, con muy desagradable resultado de fractura gorda de húmero del brazo derecho. La semana que viene les contaré en detalle tan personal, absurda, disparatada y desgraciada peripecia).

 

Sí, son –somos- morralla y “el acero afilado y los brazos fuertes” nos han puesto en el disparadero, en la picota, para ayudar a la naturaleza a liquidarnos. Ni siquiera existe la esperanza de los dioses, porque –dice el novelista- tampoco hay dioses. De lo contrario, ¿ustedes creen que podrían estar contemplando tan tranquilos la ignominia de las cosas que siguen pasando?. La desvergüenza de que Mariano Rajoy, por ejemplo, máximo responsable de un partido corrupto y repodrido, siga siendo el presidente del gobierno español. ¿O que el catatónico Pedro Sánchez siga en el primer plano de la política española, en la que, sí, algunos van entrando en la cárcel, pero en la que nadie sabe nunca dónde está el dinero. Eso, eso, ¿dónde está el dinero?. ¿Quién se lo ha quedado?. Que persigan al ladrón o a los ladrones. ¡Qué sinvergüenzas, qué desvergüenza y qué vergüenza de país!.

 

El resto del mundo tampoco está mucho mejor: ni Europa, desunida, acomplejada y a punto de sucumbir ante el cáncer de los nacionalismos de uno u otro signo, ni los Estados Unidos, en manos de un vaquero fanfarrón y loco, ni Rusia, que olvidó la revolución de Octubre para echarse en brazos de un sátrapa, ni Asia, que tiene en Oriente Medio, Pakistán y Corea situaciones para echarnos todos a temblar, ni Sudamérica y Centroamérica donde no están mucho mejor o no digamos África, continente del que a estas alturas casi nadie quiere ni oír hablar mientras sus habitantes se hunden en la desesperación.

 

Quizá nos queda sólo el refugio de la fantasía, la evasión en el cine, la literatura o la costa de los mosquitos. Irse al culo del mundo, o meter la cabeza en el agujero como los avestruces y enseñarle al mundo solamente el culo, con la vana esperanza de que el mundo pase de largo. O asumir resignadamente que el mundo sólo puede irse a tomar por culo, o quizá meternos todos en el acelerador de partículas y ver qué pasa, o no sé…porque ya es bastante malo saber que el mundo (y uno mismo dentro de él) se encamina hacia un final espantoso como para pasarse además el tiempo pensando en ello. Refugiarse en las cosas sencillas de la vida y olvidarse del tumulto, del ajetreo, del gallinero ensordecedor, vacío e inicuo. Confiar en que cuando nos atrevamos a sacar la cabeza del agujero, a nuestro alrededor reinarán la honradez, la bonhomía, la solidaridad y la decencia, la bondad e, incluso, como males menores, la compasión y la piedad.

 

“Si no puedes protegerte a ti misma, muérete y aparta del camino de los que sí pueden. Este mundo lo rigen el acero afilado y los brazos fuertes, no creas a quien te diga lo contrario”

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