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Sabado, 07 de Diciembre del 2019
Sábado, 30 Noviembre 2019

El Viaje a Ninguna Parte. “Fascinación por una ciudad”

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CLR/Bartolomé Marcos.

“Deseos incontrolables de un joven abogado en París” es la tercera novela del ciezano internacional y cosmopolita, prolífico escritor y conversador inagotable, Prudencio Gómez Cutanda, segunda de la confesada trilogía que se ha autoimpuesto sobre una familia que ya conocíamos bien porque fue protagonista de su segunda novela, Secretos inconfesables de una familia burguesa. La novela se presentaba el jueves, 28 de Noviembre en el Aula de Cultura de la Fundación CajaMurcia de la calle Padre Salmerón de Cieza.

Como las dos obras anteriores, muy distintas, es relato éste considerablemente extenso que se lee con facilidad y casi sin sentir, carente de complejidades de lenguaje, concepción, planteamiento y/o pensamiento, y abocado por derecho y sin dudas ni vacilaciones, al imperativo categórico autoimpuesto del contar, de la narrativa pura y dura, en un discurso de gran fluidez, fácil y suelto, en el que Pruden demuestra ser, indudablemente, un auténtico maestro. Los secretos inconfesables de la familia burguesa se han convertido ahora en deseos incontrolables, porque es que sus personajes vienen a ser como desatadas fuerzas de la naturaleza, en el arte de hacer el amor de manera desatada. La familia Rouyer vuelve a ser protagonista, apareciendo dos nuevos y formidables personajes: Luis, abogado y hermano menor de Héctor y otro incansable batallador sexual, y Eva, la delicada y frágil hermanita de Héctor y de Luis, que ya ha crecido, que se ha convertido en una inteligente y bella mujer y que vivirá también su particular periplo amoroso en París, ciudad a la que la fascinación del autor por ella (de ella sigue enamorado sin remedio), ha convertido en verdadero catalizador de experiencias vitales insoslayables para la iniciación y la maduración personal y social.

 

Cuando me envió la novela venía sin título, y el autor me pidió sugerencias al respecto. Entre los títulos que me permití sugerirle a Pruden para esta su tercera novela, había uno en concreto, el de “Mucho amor y ningún muerto”, que a mí me complacía especialmente y que - si se me perdona la inmodestia- encerraba hasta una cierta interpretación en clave irónica e impresionista del fondo de la historia, porque me parecía increíble que en medio de tanto y tan intenso lance contorsionista, al cabo no se produjera ninguna desgracia irreparable. Realmente, milagroso. En esta última novela, París, la maravillosa ciudad de ensueño que es la capital de Francia, se convierte en la protagonista indiscutible y casi única de la historia y es que el autor está convencido, como algunos de sus personajes, de que París imprime impronta y carácter, condiciona y deja huella indeleble en quienes simplemente patean sus formidables bulevares y avenidas siquiera sea por una corta temporada. La visión que se nos ofrece de la capital francesa después de dos novelas desenvueltas en ese mismo marco parece claro que es la de una ciudad concebida por y para satisfacer todos los placeres que los seres humanos imaginarse puedan, en particular los atenientes al sexo en todas sus múltiples, variadas y excitantes combinaciones y los referidos a la gastronomía, no menos placenteros y/o picantes incluso, en sentido estricto. Salvando las distancias y las evidentes y obvias diferencias, dijéramos que Prudencio Gómez Cutanda comparte aquí la visión hedonista del mundo y de la vida que ya expresara nada menos que Aristóteles y que recogiera el arcipreste de Hita en su “Libro de Buen Amor”, cuando dejó dicho aquello de que “dos cosas mueven el mundo y la vida: haber mantenencia e haber ayuntamiento con fembra placentera”. O sea, dicho a la pata la llana “comer y folgar”. Los diferentes personajes pasan su tiempo quedando para comer mientras trabajan, y quedando para hacer el amor mientras comen, en una azarosa y (se supone) sudorienta peripecia gastronómico-sexual, en la que, a pesar de los múltiples y, a veces, arriesgados y casi gimnásticos lances, “no hay ningún muerto”. circunstancia que es la que me llevó a sugerir como título el de “Mucho amor y ningún muerto”.

 

Tampoco se trata, ciertamente, de una historia de puro libertinaje y orgía a lo desengañado, descreído y escéptico Charles Bukowski, sino que incide más bien en un planteamiento del sexo como forma de liberación, disfrute y hasta mayor y mejor conocimiento del otro y de uno mismo, en una atmósfera de refinamiento, bohemia y buena educación, reafirmando su convicción en los valores, más o menos tradicionales, de la familia, y en los principios morales de la honradez y la bonhomía, porque se me olvidaba decir que Prudencio Gómez Cutanda sigue pulsando y ajustando los diferentes tornillos y resortes para que al final siempre ganen… los buenos…como debe ser.

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