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Viernes, 21 de Julio del 2017
Sábado, 04 Febrero 2017

El cáncer avanza

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

No, no es una expresión figurada. No hago referencia a la política, ni a la economía, ni siquiera al ínclito presidente de los EEUU. Hablo del cáncer, de esa enfermedad cuyo nombre provoca angustia y temor.

Hace pocos días se ha hecho pública la noticia de que la incidencia del cáncer ha aumentado en nuestro país. De hecho, en el año 2015 se superó el índice de incidencia que estaba previsto para 2020. La cuestión es ¿por qué ocurre esto?

 

Par poder contestar, antes hay que comprender un poco el funcionamiento de la enfermedad. La mayoría de los tipos de cáncer responden a un patrón que se puede explicar para quienes no somos médicos con cierta sencillez. El caso es que las células de nuestro cuerpo se dividen para que éste crezca y, una vez adultos, para sustituir a las que mueren. Y se dividen a un ritmo determinado, diferente para cada tipo de células pero siempre el mismo.

 

¿Pero qué pasa si las células “olvidan” su plazo de división y empiezan a hacerlo de manera constante? Pues que se va formando una masa de células “estropeadas” que se dividen con mayor rapidez de la necesaria y que engendran nuevas células dañinas que a su vez se dividen en otras también dañadas, y así en progresión geométrica. En resumen: se forma un tumor.

 

¿Y por qué las células se estropean? Hay varios factores. El principal es la edad. Con el tiempo, las células envejecen, pierden capacidades, “olvidan” informaciones y sufren mutaciones. Por eso el cáncer tiene más incidencia conforme se avanza en edad. Aunque eso sí, un cuerpo envejecido duplica sus células, incluso las cancerígenas, a una velocidad mucho menor que cuando era joven, por lo que el avance de la enfermedad es mucho más lento.

 

Hay también factores hereditarios. Una mutación genética que favorece la aparición de distintos tipos de cánceres puede transmitirse de generación en generación, y convertirse en poco menos que en una maldición para las familias que la sufren. En estos casos las terapias genéticas están avanzando a gran velocidad, pero aún queda mucho por hacer.

 

Pero los factores sobre los que más podemos actuar, pero los al mismo tiempo más peligrosos, son los medioambientales: lo que comemos, bebemos y respiramos, y el entorno que nos rodea. Así, sabemos que los diferentes tipos de dieta que sigamos guardan relación directa con la aparición de numerosos tipos de cáncer. El exceso de grasas saturadas, azúcares y alcohol es el caldo de cultivo ideal para padecer cánceres diversos, además de enfermedades metabólicas y cardiacas. Por otro lado, muchos componentes de alimentos, y no sólo de los preparados o precocinados, tienen un demostrado efecto cancerígeno. Muchos de ellos se permiten en función de su utilidad económica. De otros, simplemente se desconocen por el momento sus posibles efectos cancerígenos. Sería conveniente que se dedicasen más recursos a estudiar lo que comemos y bebemos.

 

Por no hablar del tabaco. Es muy difícil conocer su composición exacta. De hecho las compañías tabaqueras se niegan a hacerla pública. Pero sí sabemos que contienen decenas (hasta noventa, según algunos informes) de sustancias cuyo efecto favorecedor del cáncer o directamente cancerígeno está probado. Fumar es, de hecho, una de las formas más fáciles de desarrollar un cáncer. Pagando, además, por ello. Sé por experiencia propia lo que cuesta dejar de fumar. También, por experiencia propia, sé lo beneficioso que es conseguirlo.

 

En fin, que con voluntad y esfuerzo se puede dejar. Lo malo es que hay otros factores que, individualmente al menos, no podemos minimizar. Es el caso del aire que respiramos, del agua que bebemos o de los materiales con los que se construye nuestro entorno. Del tercero, es tristemente famoso el amianto, que tanto se utilizó antaño y que tantas muertes ha causado. Del segundo, en el agua potable de muchas lugares encontramos diversas concentraciones de trihalometanos, que aumentan con los episodios de lluvia y que pueden provocar cáncer; por no hablar de otras sustancias químicas muy peligrosas. Del primero, la lista de sustancias cancerígenas que flotan en él y que se introducen en nuestro cuerpo al respirar no tiene fin: benzopirenos producidos por los escapes de los coches, pesticidas utilizados en la agricultura, partículas en suspensión de polvos minerales o de deshechos industriales, incluso elementos radiactivos… la contaminación mata, y muchos de los muertos mueren de cánceres directamente relacionados con el aparato respiratorio. Y lo malo es que muchos de ellos no han fumado un cigarro en su vida.

 

Todos estos elementos, y muchos más, producen cáncer. El aumento de su incidencia responde a varios factores, como es el caso del envejecimiento de la población, sobre el que se puede actuar sólo a largo plazo. En otros casos, como hemos visto, es nuestra actividad económica la responsable del desarrollo de tumores malignos en nuestra ciudadanía. Ahí sí podemos actuar, pero como se demostró en los últimos episodios de alerta por contaminación en Madrid, hay personas y partidos tan inconscientes que son capaces de criticar las medidas de excepción en estos casos. En general, todos debemos actuar, utilizando por ejemplo el transporte público, comprando aparatos energéticamente más eficientes, exigiendo que se cumplan en su totalidad las normativas medioambientales, presionando para que éstas sean más exigentes… Y también manteniendo una dieta más saludable, reduciendo o eliminando hábitos perniciosos como el tabaco, haciendo más ejercicio, etc. En buena medida, está en nuestras manos reducir la incidencia del cáncer, directa o indirectamente.

 

Y una luz al final del túnel. Los tratamientos son cada día más eficaces. El grado general de supervivencia de los enfermos de cáncer aumenta año tras año, y supera ya ampliamente el 50%. Algunos tipos de cáncer, como muchos linfáticos o la leucemia, se curan en más del 90% de los casos, con tratamientos además menos agresivos que los de hace sólo un lustro. La investigación de nuevas terapias avanza en muchos frentes. Si a ello le sumamos las actuaciones que he mencionado antes y, lo más importante, la voluntad de curarse, el ánimo de luchar contra esta enfermedad y vencerla, el futuro puede ser realmente eso: un futuro, una expectativa que la enfermedad no podrá quitarnos.

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