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Lunes, 18 de Octubre del 2021
Viernes, 17 Septiembre 2021

¡Cuidado con confiarse demasiado!

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Lo he dicho muchas veces: más vale un por si acaso que un yo creía. Y, lamentablemente, en el tema que nos ocupa he acertado demasiadas veces.

Lo cual, por cierto, no tiene ningún mérito, ya que acertar era demasiado fácil. Vamos, que se veía venir el triste resultado de la confianza excesiva, la despreocupación temeraria y la irresponsabilidad extrema. Y lo peor es que hemos tropezado cinco veces en la misma piedra.

 

Ya sabéis el coste de tanto tropiezo. Unos 100.000 (o más) muertos en España, una economía destrozada, un enfrentamiento generacional más que evidente y un recrudecimiento de las tensiones políticas absolutamente inédito en España. Y no digamos a nivel mundial, donde las cifras son todavía peores y en muchos, demasiados lugares, la pandemia campa aún a sus anchas. En fin, que a todos nos ha ido más o menos mal.

 

Y he aquí que parece que la quinta ola de la pandemia en nuestro país parece batirse en retirada. Y no a causa de la disciplina social ni de las medidas de autoprotección, cada vez menos practicadas y más olvidadas. La verdadera heroína que ha hecho posible esta momentánea victoria de la humanidad, o al menos de parte de ella, contra la pandemia, no es otra que la vacuna. Pero…

 

Pero la vacuna puede no ser suficiente. O al menos no en su actual alcance, ya que aunque se ha sobrepasado con creces el umbral establecido en principio (70% de vacunados) para lograr la inmunidad de rebaño, las nuevas variantes del coronavirus han elevado dicho umbral hasta más del 90%. Y aquí está el problema. Porque, a pesar de las evidencias aplastantes de la protección individual y de grupo que la vacunación proporciona, todavía hay gente que rechaza inmunizarse contra la enfermedad. Y esta gente constituye un peligrosísimo vector de contagio que puede permitir que el SARS-Cov-2 vuelva por sus fueros y nos destroce de nuevo la vida, tirando por tierra todos los esfuerzos anteriores. Y si no, ahí tenemos el caso de Estados Unidos, donde la gran cantidad de negacionistas y antivacunas ha llevado a que la pandemia vuelva a golpear con una fuerza inusitada, sin que las medidas de la administración estadounidense para hacer atractiva la vacunación a esa parte de la población parezcan tener efecto. No en vano los científicos aseguran que la pandemia de la enfermedad causada por el coronavirus puede convertirse en una pandemia de los no vacunados.

 

Pero volvamos a nuestro terruño, que de momento es lo que tenemos más cerca. Y lo que más nos afecta. Aquí, y a la hora de escribir esta columna, las cosas parecen ir razonablemente bien. Las cifras de contagios y de hospitalizados llevan semanas descendiendo. Aunque la velocidad de la vacunación ha disminuido de forma ostensible, todavía es posible alcanzar los altos porcentajes que necesitamos en un plazo razonable. Sin embargo el invierno se acerca, y con él el tiempo frío y la disminución de las horas de sol, condiciones ambientales que favorecen la extensión del virus. Además, y aunque la movilidad será menor que en verano, la mayor concentración de personas en lugares cerrados (por ejemplo en las aulas) favorecerá en teoría los contagios por coronavirus. Por ello va a ser necesario continuar, al menos por el momento, con las medidas más elementales de profilaxis. En especial el uso de mascarillas, una vez que se ha hecho evidente que la mascarilla supone el mayor obstáculo para que el SARS-Cov-2 salte de una persona a otra. Y tampoco estaría de más guardar las distancias de seguridad y lavarse a menudo las manos, así como evitar tocar elementos que pueden ser tocados por muchas personas o compartir botellas y otras posibles fuentes de contagio.

 

Un esfuerzo más. Sólo un poco más de disciplina (que no vendría mal guardar también para después) y de autoprotección. Y más vacunas (que las hay) y más personas vacunadas. Y no solo en nuestro pueblo, ni en nuestra Región, ni en nuestro país. En todo el planeta, porque si algo ha demostrado esta pandemia es que la aldea global que anunciaba hace décadas un señor llamado Marshall McLuhan es hoy en día una completa, y compleja, realidad. Y que nadie, esté en el rincón del planeta en el que esté, puede considerarse a salvo de una pandemia global en nuestro pequeño e interconectado mundo.

 

Así que no cantemos todavía victoria. Vamos bien, por el buen camino, pero nos falta el sprint final para poder declarar, rotundamente y sin ambages, que hemos derrotado finalmente al maldito coronavirus. El exceso de confianza se acaba pagando siempre, y hablamos de vidas humanas: eso es lo que está en juego.

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