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Martes, 28 de Setiembre del 2021
Sábado, 17 Julio 2021

Cuestión de agua

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Esa es la clave de la vida. Y sobre todo en Murcia. Lo malo es que el agua, un bien esencial, se convierte en arma política. Y ya sabemos lo que pasa cuando la política entra en cuestiones importantes: que se olvida lo que de verdad importa.

Murcia, y también otras zonas del Levante español, dependen por completo del trasvase Tajo-Segura. Eso es absolutamente innegable. Y también es innegable que de no existir el trasvase Murcia difícilmente habría alcanzado las cotas de bienestar y desarrollo de las que goza hoy en día. Por tanto el agua del trasvase es, al mismo tiempo, la savia vital de nuestra Región.

 

Sin embargo la situación está derivando hacia límites preocupantes. Tan preocupantes como la utilización política que se hace de esta situación. Por un lado los territorios de los que sale el agua que llega a Murcia se han opuesto desde siempre al trasvase, aduciendo que su agua sirve para que otros prosperen sin que ellos mismos puedan utilizarla. Una postura comprensible: no hay más que pensar en lo que ocurriría si el líquido elemento partiera de Murcia hacia el sur de Castilla-La Mancha y no se nos permitiera utilizarla. Por ello no importa lo bien que se emplee el agua que nos llega a través del canal; da absolutamente igual la eficiencia que demostremos en su uso, quienes se oponen al trasvase quieren simplemente quedarse con el agua que, según ellos, les pertenece. De aquí a la utilización política de la situación no hay más que un pequeño paso que ya se recorrió hace años, y que puso a unas fuerzas políticas a favor del trasvase y a otras en contra. Y también a unas regiones contra otras.

 

Es difícil encontrar una postura de consenso, porque todos tienen parte de razón, pero ninguno la razón absoluta. Es cierto que debe resultar muy frustrante para las poblaciones del sureste de Castilla-La Mancha ver como el agua de sus arroyos y embalses da media vuelta y se envía a Murcia. Es también cierto que sin ese agua la Región de Murcia sería poco más que un secarral y que una parte muy significativa de su población debería dejar su tierra y buscar su futuro en otra. Y lo malo es que el agua es escasa. Si la hubiera en cantidad suficiente podría repartirse entre quienes la demandan y todos ganarían. Pero no la hay.

 

Es cierto que a veces se cometen abusos que exacerban las posturas. Un caso típico es dedicar los ahorros que la buena gestión del agua produce a implantar nuevos cultivos de regadío, muchas veces ilegales, cuando esa agua podría dedicarse a mejorar el caudal ecológico del Tajo y a acallar muchas voces que protestan precisamente por la escasez de este caudal. Por el contrario, el cálculo del caudal ecológico mínimo tiene más un carácter político que hidrológico, cambiando según el partido que gobierne en ese momento.

 

Aunque me temo que la cuestión va a tomar pronto otros derroteros mucho más negativos. El cambio climático, que ya padecemos, puede llegar a convertir en irrelevantes todas las discusiones sobre quién se queda con cuánta agua. Y ello por el mero hecho de que el agua puede llegar a desaparecer por el calentamiento global. El concepto mismo del trasvase Tajo-Segura no estaba muy elaborado, ya que se pretendía enviar agua desde una zona más bien seca, cabecera de un gran río pero seca, a otra más seca todavía. No había plan B si faltaba agua en los embalses del trasvase, Entrepeñas y Buendía. Y, en opinión de los expertos, el calentamiento global traerá a estas zonas una mayor penuria hidrológica, con un descenso de hasta un 30% de lluvia en áreas ya de por sí muy secas. En resumen: las discusiones sobre el trasvase terminarán porque no habrá agua que trasvasar.

 

O quizás no terminen, dada la politización del tema. Quienes reciben hoy agua protestarán por no recibirla, obviando el hecho de que ya no haya. Los que la envían se negarán a enviar más, intentando asegurar sus últimas y paupérrimas reservas. Y unos arremeterán contra otros, aunque el problema en realidad ya no exista.

 

Es hora de buscar soluciones en otro lado, porque si no el futuro puede ser muy negro. La propia Confederación Hidrográfica del Segura, que gestiona los caudales procedentes del trasvase, está comenzando a tomar medidas al respecto mediante la construcción de plantas solares junto a las desaladoras para abaratar el coste del agua desalada. Al mismo tiempo pretende conectar estas desaladoras a la red general de la Confederación, de tal forma que la proporción y la cantidad de agua desalada vayan acrecentándose con respecto al total de la gestionada por ella. Esto no significa renunciar ya al trasvase, pero sí anticipar lo que esta por venir y preparase para ello.

 

Y esta es la cuestión: reconocer que el futuro puede ser, o será, problemático, poner los medios para paliarlo y, sobre todo, despolitizar un asunto que no es ya importante, sino vital para nuestro futuro. Es cuestión de agua, sí, pero también cuestión de vida.

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