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Lunes, 24 de Setiembre del 2018
Jueves, 23 Agosto 2018

Cieza, hoy. La Feria de siempre

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José María Cámara José María Cámara

CLR/José María Cámara.

La Feria y Fiesta en Honor de San Bartolomé, Patrón de Cieza. La Feria de toda la vida supone el anuncio atemporal del fin del verano.

La Feria supone el reencuentro y el parlamento pausado y cariñoso con los que siempre están, pero por una, u otra, ya no los vemos tan habitualmente. La Feria supone la segunda oportunidad de ir en busca del juguete que día tras día vemos en el más que tradicional puesto de la Plaza de España. La Feria es una semana, pero una semana donde los recuerdos se agolpan en la puerta de nuestra memoria. Una semana para recordar, pero una semana también para saber que Cieza despide el verano de la mejor manera que puede, y sabe: haciendo de la calle el mejor lugar donde disfrutar cada segundo de la historia de una nueva Feria de Cieza. Una historia aun por escribir, pero que el jueves escribió su primera letra con el Castillo de Feria.

 

La Feria siempre ha supuesto para los ciezanos el punto de inflexión de un verano distinto, o igual, tranquilo, o ajetreado, de estudio, o de relax, pero al fin y al cabo un punto de inflexión necesario para despedirnos del verano y darle la bienvenida a un nuevo tiempo reflejado en la caída, cada vez más temprana, del día.

 

La Feria será un cúmulo de recuerdos que permanecen dormidos en lo más profundo de nuestro ser. Un cúmulo de recuerdos que cuando el cohete suena a los cuatro vientos activa en cuestión de segundos la memoria de los sentimientos. Se nos vienen a la memoria aquellas conversaciones con las abuelas pidiéndonos que les compráramos turrón del puesto que cada año desde Caravaca de la Cruz viene –inconfundible su forma de organizar sus productos .En una multicolor escalera que llama la atención irremediablemente-. La memoria nos trae a la mente recuerdos de cuando éramos niños y de la mano de nuestros padres íbamos estirándoles, como si la vida nos fuera en ello, para llevarlos justo delante del juguete que queríamos., y por supuesto rogarles y llorarles para que ese regalo de feria fuera el regalo que nosotros queríamos. Solo queríamos ese, no aceptábamos ningún otro .Cuando lo conseguíamos tardábamos dos segundos en enseñarlo a nuestros amigos, pero al llegar septiembre se nos olvidaba en un rincón del que ya nunca saldría.

 

La Feria de Cieza tiene sabor a fritanga, a carne chamuscada y a tasca. Fuimos felices acudiendo a pedir una mesa para cenar en la tasca de una cofradía. Éramos felices cuando el camarero venia y teníamos claro que pedir para mientras poder charlar con nuestros acompañantes, pero siempre con un buen manjar de Cieza presente. ‘’Ponte una pipirrana, ensalada murciana, tres lomos, dos salchichas y cuatro longanizas, y para beber una jarra de cerveza’’. ¡Qué cosa tan sencilla de pedir, pero que ilusión nos hacía decirlo! La felicidad tenía el sabor de esos lomos a la plancha y de esa pipirrana aceitosa, esos días el cuerpo solo nos pide fritanga, total, la operación bikini ya acabó.

 

La Feria tiene en San Bartolomé su epicentro, ¿cuantas veces acudimos a verlo pasear por nuestras calles guiados por el intenso sonido del cohete?,- menos mal que ya no tiran, creo. Los odio, le tengo fobia-. Era una estampa propia de la feria verlo transcurrir por nuestras calles al son de alegres pasodobles, y por supuesto acudir a la misa huertana de su festividad para escuchar los huertanos cantos de los Coros y Danzas, los cuales al salir a la calle pintaban el día de coloridos refajos y alegres jotas.

 

La Feria nos ‘’obligaba’’ a ir a San José Obrero para ir a los caballitos. El camino que separaba nuestra vivienda del recinto ferial siempre era un mar de nerviosismo, y cuando llegabas. Ay cuando llegabas. No sabias donde montarte, si en los coches de car, la masa o el tren de bruja, pero siempre tenías que ‘’pelearte’’ con tus padres para que te permitieran montarte una vez más. ¡Eso no fallaba!. Los caballitos eran la primera oportunidad de poder ser un poco más mayores, puesto que solía ser la primera petición para que tus padres te permitieran bajar con tus amigos a montarte en los caballitos de la feria, ya alejados de su mano protectora. Los caballitos eran un mundo de fantasía, diversión y de conocer lo que durante el año permanece escondido en tu mente para volver a despertar cada mes de agosto: el volver a ser niño.

 

La Feria nos trae siempre las carrozas. Somos felices viendo como suben el Camino Murcia para desembocar en el Paseo. Teníamos una motivación extra por buscar entre las carrozas a algún conocido que amablemente nos tiraba una salchicha, una pelota o cualquier chuminada, pero por el simple acto de coger algo ya nos sentíamos súper campeones, y si encima teníamos al lado nuestro primer amor aquello se convertía en una batalla a muerte entre el público y tú. La Feria solía ser la puerta del primer amor, ese amor que te trabajabas con tus polos o camisetas, tus dos kilos de gomina y tus mejores palabras. Ella no sabía que morías por sus huesos, pero tú lo dabas todo por hacerle entender que tus noches de Feria querías pasarlos a su vera, y si era posible, conocer el primer beso de amor, y como las carrozas, perderte por el Paseo para ser feliz, en lugar de con un juguete con su mano cogida de la tuya, diciéndole al oído te quieros perdidos en la profundidad de la noche y las pinturas de Pepe Lucas.

 

La Feria siempre acababa corriendo la traca en el Paseo. La traca es el aviso más clarividente de que el verano se acabó, que todo fue un sueño precioso, pero que llega el momento de volver a trabajar, estudiar, soñar y esperar el verano. Pero antes de cerrar los ojos y volver a la realidad, debíamos acudir a la churrería por una rosca con azúcar y acabar de la mejor manera posible otra noche más de feria, o quizás la última, pero en su textura perdernos para volver a soñar con una nueva feria. Una nueva oportunidad para recordar viejos tiempos y vivir los nuevos.

 

La Feria vuelve, vuelve como todo en la vida, porque al fin y al cabo todo comienza de nuevo en tu vida si así lo deseas. Estos días volverán las caseticas de los juguetes, el turronero de Caravaca, los caballitos, los toros, los conciertos en la Plaza de España, las tascas, San Bartolomé, la traca, los cohetes, el castillo, la Banda Municipal de Música, las carrozas, el primer amor- o quizás el segundo o el tercero- , las luces de feria y el recuerdo de tiempos pasados rodeados de los que ya no están, pero también el agradecimiento por poder volver a vivir un nueva edición de la Feria y Fiestas en Honor de San Bartolomé, Patrón de Cieza.

 

P.D: Si me olvido de algo perdónenme, esa ha sido mi feria.

 

Os espero en quince días, mientras sigo observando la vida.

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