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Viernes, 29 de Mayo del 2020
Sábado, 02 Mayo 2020

¿A quién le preocupan los españoles?

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Tino Mulas Tino Mulas

CLR/Tino Mulas.

Los científicos más importantes del mundo llevan décadas anunciando que la cuestión no era si se iba a producir o no una gran pandemia planetaria, sino simplemente cuándo se iba a producir. Y tenían razón.

Y como es costumbre, ningún estado estaba preparado para esto. Como siempre, las advertencias de los científicos no se tomaron en serio y no se hizo prácticamente nada para prepararse para lo que estaba por llegar. Más bien al contrario, lo que se hizo de forma absolutamente consecuente y programada, sobre todo por quienes más gritan y critican hoy, fue desmantelar o debilitar las estructuras, como la sanidad pública, que debían defendernos de la pandemia y que han estado a punto de sucumbir por su debilitamiento.

 

Hace unos días uno de los mayores expertos mundiales en gestión decía en un periódico español que desarrollar una actuación coherente y sin fallos para resolver una situación inédita era completamente imposible, por el simple hecho de que quienes deben desarrollarla no son adivinos. Se puede hacer mejor o peor, pero nunca lo suficientemente bien, porque se aprende de la experiencia y sin experiencia previa es muy complicado saber qué hacer en todo momento y contra toda eventualidad.

 

Esto lo decía con respecto a la generalidad de los gobiernos del planeta. Pero vamos a ver qué se puede decir de España. En España la situación ha sido grave. Estamos en todos los rankings en las peores posiciones. Los terceros en muertos, los segundos en contagios, aunque también de los primeros en curados o en test realizados. Nuestra posición general es similar a la de otros países de nuestro entorno, mejor incluso que algunos y peor que otros.

 

Lo que no es igual ni por asomo es la utilización política que se está haciendo en nuestro país de la crisis. Los nacionalistas, como es de suponer, no están de acuerdo con nada de lo que haga el gobierno central. De hecho, y en especial en el caso de la Generalitat de Cataluña y de su ínclito presidente Quim Torra, la supervivencia de sus conciudadanos parece importarle poco (menos aún la de los españoles, claro está) y le preocupa mucho más mantener sus competencias o evitar una recentralización que el efecto real de las medidas tomadas contra la pandemia. Es más, él y los suyos afirman rotundamente que una Cataluña independiente lo hubiera hecho mucho mejor, ya que Cataluña es vida y futuro y España muerte y pobreza. Es curioso que hechos como la masacre en las residencias catalanas, gestionadas exclusivamente por la Generalitat, desmientan estas afirmaciones. Algo de esperar en este independentismo catalán desquiciado representado por Torra y que sólo tiene un objetivo en esta vida. Ya sabéis cuál.

 

Y en el otro extremo (aunque muy parecidos) tenemos a Vox. La actitud del partido ultraderechista roza (si no alcanza plenamente) la ignominia. La orden dada por su dirección de atacar sin cesar al gobierno de cualquier manera, sin tener en cuenta datos o realidades, inventando bulos y mentiras sin cesar y llegando al extremo de criticar incluso un confinamiento que ha salvado decenas de miles de vidas, no es comprensible en un partido político que actúa en democracia. Algunas de sus actuaciones son incluso despreciables, como querer sustituir el aplauso diario a los profesionales de la sanidad y de servicios esenciales por una cacerolada contra el gobierno. Aunque en realidad era de esperar esta actitud de Vox, que pretende ganar mediante la agitación y la mentira lo que los españoles en las urnas le niegan. Máxime cuando sus mentiras más relevantes quedan desmanteladas por la realidad, como en el caso de la falta de trabajadores en el campo por la imposibilidad de llegar de muchos temporeros extranjeros, cuyos puestos no han sido cubiertos por esas masas de trabajadores españoles a los que, según Vox, roban los extranjeros el trabajo.

 

Caso aparte merece la respuesta del Partido Popular, el primero de la oposición, a la crisis. En primer lugar hay que discernir dos posturas dentro de la formación: la de los líderes más pragmáticos y moderados, simbolizados por la mayor parte de los presidentes autonómicos del partido, que en general han mostrado una actitud de colaboración con el gobierno central no exenta de críticas, pero colaboración al fin y al cabo; y la de la cúpula central del partido, a las órdenes de José María Aznar y que en ningún momento ha querido siquiera dar la impresión del más mínimo apoyo a la gestión del gobierno de la nación. Sus críticas constantes (incluso previas a la toma de algunas decisiones), han llegado a rechazar una medida y su contraria, sin ofrecer absolutamente ninguna alternativa. Casado, siguiendo lo ideado por Aznar y secundado por Egea y Álvarez de Toledo, ha vuelto a la actitud de enfrentamiento total con el gobierno que tanto daño hizo a su partido y que hay que enmarcar en el enfrentamiento con Vox por el voto de la extrema derecha y en la lucha interna en la formación entre los líderes moderados (cuya cabeza más visible es el gallego Núñez Feijó) y los aznaristas más derechistas y recalcitrantes.

 

Por su parte Ciudadanos, fortísimamente castigado en las últimas elecciones, ha optado por ponerse al servicio del gobierno y apoyar su actuación. Arrimadas parece iniciar así su desenganche de Rivera y su vuelta a una posición de centro, cuyo abandono por posiciones casi de extrema derecha le costó a su partido la debacle electoral.

 

¿Y el gobierno? En el gobierno la descoordinación entre los dos partidos que lo componen, PSOE y Podemos, ha sido evidente. Los enfrentamientos internos han dado una pésima imagen, en especial al principio de la crisis y a propósito de la respuesta que había que dar a los gravísimos problemas sociales que la pandemia traía consigo. Hay que destacar también la improvisación y la falta de medios (aunque habría que discutir quién es el culpable de esta escasez) para enfrentarse a la crisis. También puede criticarse una tardía reacción ante la pandemia, que puede deberse tanto a inercia política como a falta de información. Está por ver, ahora, cómo se diseña y ejecuta un plan de reconstrucción que, una vez más o menos controlada la pandemia, provocará sin duda roces entre los socios.

 

El hecho es que la clase política española, cuyo desprestigio antes de la crisis ya era enorme, está dando en buena parte un pésimo ejemplo que no tiene parangón en ningún otro país de nuestro entorno. Y muchos políticos demuestran abiertamente lo poco que les importa la salud, el bienestar y la vida de los españoles. Pero nosotros, los españoles, no somos tontos y tenemos memoria. Y sabremos distinguir en su momento quién hizo qué en este periodo tan grave de nuestra reciente historia, quién se preocupó realmente de nosotros. Y actuaremos, votaremos, en consecuencia.

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